CHÁVEZ ERES TÚ

Elías Jaua Milano.

“Chávez ya no soy yo, Chávez es un pueblo. Chávez somos millones”.

Esa frase nos la repitió, vibrante, nuestro Comandante Chávez durante la heroica campaña electoral del año 2012. Sin duda que nos estaba entregando, como pueblo,  el testigo de la Revolución Bolivariana y expresando su confianza en los valores que había sembrado en la conciencia de la inmensa mayoría de los venezolanos y las venezolanas.

Por eso para defender a Chávez, para amar a Chávez, lo más importante es hacer lo que Chávez dijo e hizo para construir una sociedad honesta, de trabajo productivo, libertaria, igualitaria, crítica, justa, profundamente democrática, una sociedad socialista.

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Para defender a Chávez, para amar a Chávez, lo más importante es hacer lo que Chávez dijo e hizo.

Chávez eres tú cuando ejerces el servicio público con humildad, honestidad y mística; Chávez eres tú cuando como dirigente entiendes que el poder no le pertenece a una cúpula sino a un pueblo; Chávez eres tú cuando produces las tierras que la revolución te devolvió; Chávez eres tú cuando cuidas y demuestras que la propiedad social es posible; Chávez eres tú cuando construyes el verdadero poder popular en las Comunas; Chávez eres tú cuando asumes la militancia como un apostolado de lucha junto al pueblo; Chávez eres tú cuando no das pie a ser chantajeado por ningún factor interno o externo de poder; Chávez eres tú cuando crees de manera auténtica que hacer una revolución es posible, que otro mundo es posible y es necesario.

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Chávez eres tú cuando cultivas un espíritu de rebeldía, para reaccionar contra lo que está mal hecho y tener la conciencia de que es necesario cambiar todo lo que tiene que ser cambiado.

Chávez es la hermosa juventud que se levanta, especialmente expresada en la Organización Bolivariana de Estudiantes (OBE) y en la muchachada trabajadora de nuestros barrios y campos, que no llora a Chávez, sino que a pesar de las circunstancias difíciles lo hace vivir creyendo en sus ideas, emulando su ejemplo, cantando su  pensamiento,  formándose para dirigir a nuestra Patria. En ellos y ellas está la llamarada.

Esa muchachada está dispuesta a hacer lo que Chávez dijo, a continuar lo que él dejo hecho y a construir lo que está pendiente de hacer. El fuego sagrado sigue vivo.

¡QUE NO SE NOS OLVIDE!

Elías Jaua Milano.

“Prohibido olvidar” decimos cuando rememoramos la brutal masacre con que fue respondida la rebelión popular del 27 de febrero de 1989.

Sin embargo, es importante que tampoco se no se nos olviden nunca las causas de la ira popular, que no solo estuvieron en el ámbito de las necesidades materiales, sino también en la profunda indignación frente a la desigualdad, la indolencia, el atropello y abuso del poder, y la exhibición de los odiosos privilegios de los cogollos políticos y empresariales expresados en el abuso policial diario; en la ausencia de justicia legal que protegiera al pueblo trabajador; en la publicación impúdica de las fotos de las suntuosas bodas y fiestas de altos dirigentes políticos, generales y burgueses; en los discursos vacíos en defensa de una “democracia” de la cual el pueblo no era protagonista y en el uso desfachatado de las instituciones del Estado al antojo de intereses personales o grupales.

No podemos olvidar nunca las causas de la ira popular aquel 27 de Febrero

No podemos olvidar nunca las causas de la ira popular de aquel 27 de febrero.

Que no se nos olvide que nosotros como pueblo no hemos aceptado nunca que en nombre de glorias pasadas, nuevos cogollos se crean con el derecho a ejercer el poder absoluto y a justificar sus odiosos privilegios. Allí está la historia, la rebelión popular de 1814 contra el mantuanaje republicano; la rebelión de 1846 contra los auto traicionados héroes de la Independencia; la rebelión de los andinos, de 1898, contra los caudillos del viejo liberalismo; la rebelión de 1936 contra el gomecismo “pacificador”; la rebelión del 23 de enero de 1958 contra el perejimenismo “desarrollista” y la rebelión del 27 de febrero de 1989 contra los “Padres de la Democracia”.

Seguirá siendo el pueblo venezolano como un cuero seco, si lo pisan por un lado, por el otro se levanta.

Entre las causas de la ira popular, la indignación ante la desigualdad, la indolencia, el atropello y el abuso de poder.

Que no se nos olvide, como cantaba Alí Primera, que el pueblo venezolano “es como un cuero seco, si lo pisan por un lado, por el otro se levanta”.

Honor y gloria al pueblo rebelde del 27F y de siempre. La Patria sigue llorando a sus hijos e hijas.

LA CONFIANZA DEL PUEBLO


Elías Jaua Milano.

En la última emisión del programa radial Encuentro Popular, que conduzco todos los miércoles, sostuvimos una especie de coloquio con un grupo de jóvenes que hacen vida cotidiana sobre los temas que discute hoy la juventud.

En un segmento del debate, les pregunté acerca de sus críticas a la dirigencia revolucionaria, ellos y ellas contestaron que sí las habían, pero también reconocían que no era fácil la tarea. Sobre todo me gratificó la respuesta unánime: “Más que criticar ellos y ellas estaban ocupados de producir, de estudiar, de organizarse, de aportar”.

Encuentro Popular con nuestra Juventud Venezolana

Encuentro Popular con nuestra juventud.

Esa respuesta indica el alto nivel de conciencia acerca del papel protagónico de la mayoría de los sujetos sociales de la Venezuela de hoy, y esa es la muralla contra la cual se estrella el discurso mesiánico y manipulador de la contrarrevolución. Nuestro pueblo tiene comprensión de lo que sucede y sabe que solo desde sus propias fuerzas, desde su propio poder es que saldrán las soluciones a las dificultades actuales, y no se deja seducir por los cantos de sirenas contenidos en frases publicitarias milagrosamente salvadoras, repetidas fastidiosamente por representantes de la maltrecha organización contrarrevolucionaria (MUD).

Mientras el pueblo confía en sí mismo, en la MUD nadie confía en nadie, mucho menos en su capacidad de liderizar ni siquiera a sus propias bases. Por eso se fueron al exterior, desesperados, a mover los tentáculos del injerencismo y lo lograron: CNN en campaña de guerra contra Venezuela; el Departamento del Tesoro monta una patraña contra nuestro compañero Tareck El Aissami, Vicepresidente de la República, para alimentar el falso positivo de un narco Estado; otra foto pavosa en la Casa Blanca; el apoyo de la dictadura brasileña a la auto extinguida Asamblea Nacional y pare Ud. de contar.

Los burgueses desprecian a los pueblos, por eso los pueblos con conciencia, como nosotros, no creen en sus pajaritos preñados, “de malas intenciones”. Eso los enloquece, llevándolos a peligrosas aventuras. No debemos banalizar las amenazas contenidas en las últimas acciones imperiales.

Marcha de los Claveles - Alí Primera

Marcha de los Claveles – Alí Primera.

Mientras tanto, el pueblo sigue desde abajo forjándose en medio de las dificultades, organizándose para defender su poder frente a las élites y cogollos de cualquier signo, tomando la calle con la canción necesaria como lo han hecho los compañeros y compañeras agrupados en la organización “UNCANTO” (@uncantoria).

Con Alí Primera seguimos creyendo que “la esperanza no mata al pueblo, pero tampoco lo salva, lo salvará su conciencia y en eso me apuesto el alma”.

NUESTRAS JUVENTUDES


Elías Jaua Milano.

Aunque cada día los gustos en el sector de la población que legalmente se le considera joven tienden a ser estandarizados como consecuencia de la globalización cultural que se cuela por las redes sociales, no es menos cierto que preservan particularidades, bien se traten de jóvenes estudiantes o trabajadores, campesinos o urbanos, con hijos o sin hijos, mujeres u hombres, jóvenes del barrio o de urbanizaciones. Es por ello que nos atrevemos a hablar de nuestras juventudes.

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Somos un país de jóvenes.

Ahora bien, más allá de sus particularidades y de sus posiciones políticas, durante los años de las Revolución Bolivariana, Socialista y Chavista se han forjado coincidencias en el imaginario de todos ellos y ellas, como lo reflejan estudios como la Encuesta Nacional de Juventudes del año 2015.

Las generaciones nacidas o que crecieron después de la llegada del pueblo al poder,  consideran todos los derechos sociales como naturales, lo cual implica una derrota ideológica a las tesis neoliberales, pero supone grandes desafíos porque sus demandas al Estado y a la sociedad se amplían constantemente.

Nuestros y nuestras jóvenes, consideran el estudio como un valor fundamental para la construcción de sus proyectos de vidas y valoran en alto grado el esfuerzo hecho por la Revolución Bolivariana en garantizarles ese derecho, pero demandan más calidad y pertinencia. No obstante, tampoco podemos desconocer que la deserción escolar sigue siendo un desafío, en tanto que excluye y frustra.

Nuestras juventudes reclaman también que el esfuerzo de estudiar culmine en una ocupación laboral creativa y liberada, prefieren emprender que ser asalariados, por ello exigen una política sistemática de apoyo a estas aspiraciones.

Nuestras Juventudes

Nuestras Juventudes.

Los y las jóvenes venezolanas son expresión de alegría y goce, les gusta bailar, ir a la playa, a la montaña y a los juegos deportivos. Son fanáticos y fanáticas de las redes sociales y reclaman el acceso a ellas como un derecho, que lo es. Entre amigos y amigas, libran tremendo debate sobre los contenidos a los que acceden, así como discuten de religión, drogas y sexo diversidad, entre otros temas.

Hoy, la mayoría de los y las jóvenes se siente muy orgullosa de nuestra historia libertaria; de nuestra Independencia;  de nuestras expresiones culturales y musicales, de las bellezas de nuestra Patria. Sin embargo, en medio de cualquier tertulia de hoy día, debaten con pasión entre quienes quieren salir al exterior y los que defienden el quedarse en nuestra tierra.

¿Por qué ese debate? Argumentan los que quieren irse, principalmente, que  se sienten amenazados por la delincuencia; en segundo lugar, porque quieren mejores ingresos que los que pueden lograr aquí; también esgrimen el hastío por la confrontación política y la corrupción. Los que deciden quedarse, contra argumentan con el apego a la tierra y a las querencias familiares; el acceso gratuito o subsidiado a derechos y  servicios;  la apuesta a que todo tiempo difícil es pasajero y que el que se queda será protagonista de la prosperidad por venir.

No voy a ser juicio sobre ambas posiciones, sólo sé que quienes hoy nos asumimos como dirigentes de la revolución o de la contrarrevolución, vamos a ser juzgados para bien o para mal por esta muchachada patria llena de logros, orgullos, demandas y angustias, y esperanzas.

Los y las jóvenes venezolanas hoy tienen derechos que no están dispuestos a discutir ni a dejárselos quitar por nadie, pero quieren ejercerlos en un clima de estabilidad económica y empleo creativo; de seguridad  y convivencia social; de ejercicio pleno de la democracia participativa y protagónica; de acceso transparente a una justicia no clasista, en fin quieren vivir en una sociedad democrática,   honesta y donde el trabajo liberador sea el valor fundamental para garantizar sus proyectos de vida, dentro del proyecto nacional.

Les toca a ellos y a ellas seguir luchando por alcanzar esa sociedad, como nos tocó a nosotros luchar por los derechos que para ellos y ellas hoy son naturales, gracias al modelo bolivariano y socialista.

Tengan la seguridad, Uds. también lograrán la victoria muchachada, tienen la estirpe que les viene desde aquel 12 de febrero de 1814. Nosotros, estamos obligados a facilitarles el camino y acompañarlos en esa batalla.

EL ESPÍRITU DEL 4F

Elías Jaua Milano.

A finales de 1991 comenzó a correr, entre los núcleos revolucionarios en los barrios, en las fábricas, en los pasillos universitarios y de los liceos, la información sobre una insurrección militar en marcha.

Estas informaciones llegaban en el contexto de un crecimiento de los movimientos barriales,  estudiantiles, de campesinos y trabajadores, que en la calles, desde mediados de los años 80, veníamos  haciendo frente a las agravadas políticas de exclusión y represión del decadente Pacto de Punto Fijo.

Dichas políticas se volvieron especialmente cruentas, cuando después de la implementación del modelo neoliberal por parte del gobierno de Carlos Andrés Pérez,  el pueblo respondió con la rebelión del 27 de febrero de 1989 y la reacción del sistema fue la brutal masacre de los días subsiguientes.

El movimiento popular de las barricadas, que lloraba a decenas de sus mártires, cargado de dolores, de heridos y perseguido brutalmente, recibió la noticia de la  inminente asonada militar, con una mezcla de incertidumbre y expectativa; solo teníamos información indirecta y poco confiable.

No hubo que esperar mucho para que se aclarara el panorama. A principios de 1992,  llegó la madrugada luminosa de aquel 4 de febrero y cerca del mediodía el mensaje del líder del Movimiento Militar Bolivariano (MBR 200), Comandante Hugo Chávez Frías, despejaba para nosotros cualquier duda acerca del carácter popular y revolucionario de aquella rebelión.

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El mensaje de Chávez, con su histórico “por ahora”, despejó cualquier duda sobre el carácter popular y revolucionario de aquella rebelión.

Los documentos del MBR 200 que, a los pocos días de la insurrección comenzaron a circular, daban cuenta del claro sentido democrático y de liberación nacional que inspiraba a aquellos militares patriotas.

Los valores antiimperialistas y anti oligárquicos de Independencia, libertad, igualdad social, honestidad y democracia popular, sustentados  ideológicamente en el pensamiento de Simón Rodríguez, Bolívar y Zamora, marcaban una clara diferencia con las corrientes militaristas que tanto sufrimiento han causado a nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños.

Esos planteamientos expresaban nuestros anhelos y nos convencieron a la mayoría de los militantes de base de la izquierda revolucionaria de entonces, a  reconocer con humildad, sin pedir nada a cambio, el liderazgo bolivariano y socialista de Hugo Chávez. Tal como él lo expresa en el libro Mi Primera Vida, entrevista biográfica realizada por el buen amigo Ignacio Ramonet:

“Ese núcleo de verdad, en la mentalidad colectiva de la sociedad venezolana de los años 1992 a 1998, radicaba en el renacimiento de la esperanza. El pueblo volvía a reclamar su derecho a soñar y, más aún, su obligación de luchar por su sueño. (…) O sea: comenzó a existir en la imaginación colectiva el deseo de un nuevo país con más justicia, más igualdad y menos corrupción”.

Tiene razón el Comandante en esa afirmación, el 4 de febrero expresaba y sigue expresando las mejores aspiraciones de nuestro pueblo y las banderas de lucha de generaciones de revolucionarios y revolucionarias, como él mismo lo reconoce en un discurso de 2004, en ocasión del XII aniversario de la rebelión:

“El 4 de febrero fecha que recoge muchas fechas (…) recogió dos siglos, estaban allí recogidos muchos mártires, muchos sueños, muchas pasiones, muchos amores, muchos dolores (…) El cuatro de febrero recoge el amor de ese pueblo traicionado”.  

Vaya mi reconocimiento, como parte de la generación de jóvenes  revolucionarios de los 90, a la valentía de los hombres y las mujeres que convocados por liderazgo y por el pensamiento del Comandante Chávez, dieron un paso al frente por nosotros el pueblo, por Venezuela.

De manera especial reivindicó a quienes, tras 25 años de aquellos sucesos, siguen siendo auténticamente leales al espíritu de desprendimiento que demostraron aquel día y que de ninguna forma lo han traicionado,  porque como lo expresó el Comandante Chávez el 4 de Febrero del año 2011:

“Así como hace poco decíamos,  que el Pacto de Punto Fijo traicionó al espíritu del 23 de enero, también tenemos que seguirlo diciendo: El espíritu del 4 de febrero no nació para ser traicionado”.

Nosotros debemos caminar hacia nuevas situaciones para seguir consolidando y expandiendo una Patria soberana y una sociedad honesta, de trabajo productivo, de igualdad social, de protagonismo y democracia popular, una sociedad socialista.

Que “por ahora y para siempre” el espíritu del 4F se proyecte hacia el futuro, depende del trabajo, la lucha y la conciencia del pueblo sabio y libre de Venezuela. Se lo debemos a Chávez.

EL PENSAR DE ZAMORA


Elías Jaua Milano.

A Ezequiel Zamora los intelectuales de las oligarquías, generación tras generación, lo convirtieron en sinónimo de bandolero, asesino, demonio, sanguinario entre otros epítetos. Desde el pensamiento crítico, apenas se le reconocía su liderazgo y valentía, pero se le negaba su carácter de ideólogo revolucionario, hasta que el Comandante Chávez lo reconoció como el primer reivindicador de las ideas de Simón Bolívar y en consecuencia como raíz ideológica de nuestra Revolución Bolivariana.

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Ezequiel Zamora, reconocido por el Comandante Chávez como el primer reivindicador de las ideas de Simón Bolívar.

Yo reafirmo que Zamora fue un gran líder popular porque, al igual que Chávez, supo interpretar que en el alma, en la conciencia, en el corazón de nuestro pueblo las ideas de Bolívar quedaron sembradas para siempre. Rescato el pensamiento de Zamora, como continuidad histórica del traicionado proyecto social de la Independencia. Así sí lo expresa él, en 1846, en El Pao de Zarate:

“… cueste lo que costare, lleguemos por fin a conseguir las grandes conquistas que fueron el lema de Independencia”.

Esa consecuencia con el proyecto independentista, lo reafirma el 7 de marzo de 1859, en Coro:

No más sombras siniestras en el horizonte de la Patria, enarbolemos el estandarte de nuestros padres, de los patriotas de 1811”.

Igualmente, es claro identificar en Zamora un anclaje, de su pensamiento, en los valores del socialismo utópico, y esto no es especulación ya que él tenía amigos socialistas y tuvo acceso a literatura de los pensadores europeos que defendían esta ideología, así queda plasmado en la proclama tras la toma de Yaracuy, en 1859:

“… proclamad el Evangelio de los principios políticos, la igualdad entre los venezolanos, el imperio de la mayoría, la verdadera República”.

Ezequiel Zamora

Ezequiel Zamora leyendo para los amigos en su pulpería

O de manera hermosa cuando prefigura la sociedad futura, el 12 de diciembre de 1859, después de la victoria en la batalla de Santa Inés de Barinas:

“No habrá pobres ni ricos, ni esclavos ni dueños, ni poderosos ni desdeñados, sino hermanos que sin descender la frente se traten bis a bis, de quien a quien”.

En el pensamiento de Ezequiel Zamora, también encontramos un claro rechazo al despotismo y una apuesta al poder liberador del pueblo, así lo expresa en la proclama emitida tras la ocupación de la ciudad de Barinas, en mayo de 1859:

“Se acerca el deseado momento de fundar el Gobierno Federal que da al pueblo la dirección y manejo de sus propios intereses, sin sujeción a ningún otro poder y se asegura un porvenir de gloria y bienandanza a todos los venezolanos”.

En esa misma proclama expresa:

“Habéis probado con vuestra abnegación que solo el pueblo quiere su bien y es dueño de sus suerte y que de hoy más, Venezuela no será patrimonio de ninguna familia ni persona”.

Es claro pues que el General del Pueblo Soberano, además del gran guerrero que fue, dejo elementos teóricos para la soberanía, para la construcción de una sociedad de iguales, para el ejercicio del poder popular y su pensamiento fue y sigue siendo una lanza contra quienes traicionan los ideales de justicia y dignidad por la que hemos luchado, como pueblo, sean estos quienes sean y reclamen la glorias pasadas que reclamen para justificar sus odiosos privilegios. Así se lo dice al pueblo apureño en una comunicación, fechada en Barinas, en mayo de 1859:

“Son insensatos los que olvidando el credo político de la democracia de la América, símbolo formado por su Libertador se imbuyeron en las doctrinas del absolutismo escrito sobre la tumba del héroe por los enemigos de la Independencia y enseñadas por el salvaje José Antonio Páez, que verdugo de sí mismo y asesino de la Patria, lleva desde entonces el Arca Santa de nuestros derechos navegando por entre lagos de sangre hermana”.

Este grave reclamo a la ignominia estremece el alma patriótica y nos demanda a quienes asumimos la dirección de la Revolución Bolivariana, como no los exigió nuestro Comandante Chávez mil veces, a no terminar así.

Finalmente, reivindicó la lealtad de Zamora a sus propios principios, que tal como Fabricio Ojeda, honró con su propia vida y al igual que éste renunció a acomodarse en el poder y escogió el sendero del sacrificio, como lo dejo escrito en su carta de renuncia al cargo de Gobernador de Barinas, dirigida al Presidente Monagas, en Abril de 1853:

“Quiero defender los fueros populares en los campos de batallas (…) El juramento que tengo prestado me obliga a cambiar mi vida por la libertad de mi Patria”.

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Nuestro compromiso es auténtico con la causa popular y por la justa construcción del socialismo

En el bicentenario de su nacimiento, juramentémonos de nuevo con las ideas y la vida de Zamora. Logremos en este tiempo que la lealtad, la honestidad y el compromiso auténtico con la causa popular no terminen otra vez en el camino de la traición de los negociantes de todos los tiempos o en el del martirio de los honestos y las honestas.

Es tiempo ya, que la victoria de las ideas justas sea irreversible para el pueblo sabio y libre de Venezuela. ¡Zamora vive, la lucha aún sigue!

HILAR FINO

Elías Jaua Milano.

Hilar fino, es la frase con que la sabiduría popular expresa la necesidad de actuar con precisión frente a una circunstancia compleja. Sin duda que el contexto nacional e internacional, obliga a la Revolución Bolivariana a evitar dar puntadas en falso.

En el contexto nacional, la decisión al margen de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, por parte de la mayoría contrarrevolucionaria en la Asamblea Nacional, de decretar el abandono del cargo de un Presidente en ejercicio evidente de sus funciones constitucionales y de mantenerse en desacato a las decisiones de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), constituye una amenaza latente a la vida democrática de la República, que no podemos soslayar.

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Desacato de la Asamblea Nacional a la Sala Constitucional del TSJ, constituye una amenaza latente a la vida democrática.

Se suma esta afrenta institucional a la agresión económica continuada contra nuestro pueblo, sobre cuyas consecuencias ya hemos escrito en artículos anteriores.Como lo señaló el Presidente Maduro en su discurso anual, que debió presentar ante el TSJ, vivimos un momento excepcional de la República.

A mi entender, este momento excepcional no ha derivado en una fractura del Estado Nacional gracias a la vocación de paz de la mayoría del pueblo venezolano, a la fortaleza institucional demostrada por la mayoría los Poderes Públicos y a la firmeza democrática y constitucionalista de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

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Es la hora de escuchar, procesar y actuar con firmeza, pero con humildad y sin improvisación.

En el contexto internacional, se verifican graves conflictos en África, Medio Oriente, Ucrania y peligrosas tensiones en la península asiática, todos promovidos por la élite imperial guerrerista de los Estados Unidos de América. En nuestro continente, la vuelta al poder de la derecha neoliberal y la agresión imperial contra los gobiernos democráticos populares ha introducido graves perturbaciones a la integración y a la estabilidad de nuestra región.

Todos los pensadores y analistas hablan de una nueva era con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. El mundo y nuestra América Latina aguardan expectantes cuáles serán las consecuencias para la humanidad de esta nueva era, que pocos apuestan a que sea buena. ¿Será nueva de verdad? Ya veremos.

En todo caso el panorama nos obliga a tomar nuestras propias decisiones políticas, institucionales, judiciales y económicas. A ser precisos en la ubicación de los cuadros en las instituciones, y en la valoración y disposición de las fuerzas políticas y sociales, para afrontar estos desafíos que como pueblo sabio y libre tenemos que vencer.

Es la hora de escuchar, procesar y actuar con firmeza, pero con humildad y sin improvisación, para poder encontrar la ventaja estratégica que nos permita preservar y expandir la soberanía, la paz, la igualdad y la democracia participativa y protagónica en nuestra Patria.

Finalmente, hoy quiero dedicar unas letras para Fabricio Ojeda, ejemplo de lealtad auténtica a los principios que se profesan. Fabricio tuvo la opción de “acomodarse” en el poder y seguir convocando en nombre del “llamado espíritu democrático del 23 de Enero”a defender una democracia burlada, pero ¡NO!, escogió denunciar la traición y transitar el camino del martirio.

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Honremos su memoria siendo leales a los principios que profesamos.

El mejor homenaje a Fabricio es NO “acomodarnos” en el poder y estar atentos cada día para que nadie invoque, engañosamente, el espíritu de la Revolución Bolivariana, como se hizo con el “espíritu del 23 de enero”, para ocultar desviaciones y defender odiosos privilegios.

Merecido reconocimiento el traslado de los restos de Fabricio Ojeda al Panteón Nacional. Honremos su memoria siendo leales a los principios que profesamos. ¡Honor y Gloria!