EL ESPÍRITU DEL 4F

Elías Jaua Milano.

A finales de 1991 comenzó a correr, entre los núcleos revolucionarios en los barrios, en las fábricas, en los pasillos universitarios y de los liceos, la información sobre una insurrección militar en marcha.

Estas informaciones llegaban en el contexto de un crecimiento de los movimientos barriales,  estudiantiles, de campesinos y trabajadores, que en la calles, desde mediados de los años 80, veníamos  haciendo frente a las agravadas políticas de exclusión y represión del decadente Pacto de Punto Fijo.

Dichas políticas se volvieron especialmente cruentas, cuando después de la implementación del modelo neoliberal por parte del gobierno de Carlos Andrés Pérez,  el pueblo respondió con la rebelión del 27 de febrero de 1989 y la reacción del sistema fue la brutal masacre de los días subsiguientes.

El movimiento popular de las barricadas, que lloraba a decenas de sus mártires, cargado de dolores, de heridos y perseguido brutalmente, recibió la noticia de la  inminente asonada militar, con una mezcla de incertidumbre y expectativa; solo teníamos información indirecta y poco confiable.

No hubo que esperar mucho para que se aclarara el panorama. A principios de 1992,  llegó la madrugada luminosa de aquel 4 de febrero y cerca del mediodía el mensaje del líder del Movimiento Militar Bolivariano (MBR 200), Comandante Hugo Chávez Frías, despejaba para nosotros cualquier duda acerca del carácter popular y revolucionario de aquella rebelión.

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El mensaje de Chávez, con su histórico “por ahora”, despejó cualquier duda sobre el carácter popular y revolucionario de aquella rebelión.

Los documentos del MBR 200 que, a los pocos días de la insurrección comenzaron a circular, daban cuenta del claro sentido democrático y de liberación nacional que inspiraba a aquellos militares patriotas.

Los valores antiimperialistas y anti oligárquicos de Independencia, libertad, igualdad social, honestidad y democracia popular, sustentados  ideológicamente en el pensamiento de Simón Rodríguez, Bolívar y Zamora, marcaban una clara diferencia con las corrientes militaristas que tanto sufrimiento han causado a nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños.

Esos planteamientos expresaban nuestros anhelos y nos convencieron a la mayoría de los militantes de base de la izquierda revolucionaria de entonces, a  reconocer con humildad, sin pedir nada a cambio, el liderazgo bolivariano y socialista de Hugo Chávez. Tal como él lo expresa en el libro Mi Primera Vida, entrevista biográfica realizada por el buen amigo Ignacio Ramonet:

“Ese núcleo de verdad, en la mentalidad colectiva de la sociedad venezolana de los años 1992 a 1998, radicaba en el renacimiento de la esperanza. El pueblo volvía a reclamar su derecho a soñar y, más aún, su obligación de luchar por su sueño. (…) O sea: comenzó a existir en la imaginación colectiva el deseo de un nuevo país con más justicia, más igualdad y menos corrupción”.

Tiene razón el Comandante en esa afirmación, el 4 de febrero expresaba y sigue expresando las mejores aspiraciones de nuestro pueblo y las banderas de lucha de generaciones de revolucionarios y revolucionarias, como él mismo lo reconoce en un discurso de 2004, en ocasión del XII aniversario de la rebelión:

“El 4 de febrero fecha que recoge muchas fechas (…) recogió dos siglos, estaban allí recogidos muchos mártires, muchos sueños, muchas pasiones, muchos amores, muchos dolores (…) El cuatro de febrero recoge el amor de ese pueblo traicionado”.  

Vaya mi reconocimiento, como parte de la generación de jóvenes  revolucionarios de los 90, a la valentía de los hombres y las mujeres que convocados por liderazgo y por el pensamiento del Comandante Chávez, dieron un paso al frente por nosotros el pueblo, por Venezuela.

De manera especial reivindicó a quienes, tras 25 años de aquellos sucesos, siguen siendo auténticamente leales al espíritu de desprendimiento que demostraron aquel día y que de ninguna forma lo han traicionado,  porque como lo expresó el Comandante Chávez el 4 de Febrero del año 2011:

“Así como hace poco decíamos,  que el Pacto de Punto Fijo traicionó al espíritu del 23 de enero, también tenemos que seguirlo diciendo: El espíritu del 4 de febrero no nació para ser traicionado”.

Nosotros debemos caminar hacia nuevas situaciones para seguir consolidando y expandiendo una Patria soberana y una sociedad honesta, de trabajo productivo, de igualdad social, de protagonismo y democracia popular, una sociedad socialista.

Que “por ahora y para siempre” el espíritu del 4F se proyecte hacia el futuro, depende del trabajo, la lucha y la conciencia del pueblo sabio y libre de Venezuela. Se lo debemos a Chávez.

EL PENSAR DE ZAMORA


Elías Jaua Milano.

A Ezequiel Zamora los intelectuales de las oligarquías, generación tras generación, lo convirtieron en sinónimo de bandolero, asesino, demonio, sanguinario entre otros epítetos. Desde el pensamiento crítico, apenas se le reconocía su liderazgo y valentía, pero se le negaba su carácter de ideólogo revolucionario, hasta que el Comandante Chávez lo reconoció como el primer reivindicador de las ideas de Simón Bolívar y en consecuencia como raíz ideológica de nuestra Revolución Bolivariana.

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Ezequiel Zamora, reconocido por el Comandante Chávez como el primer reivindicador de las ideas de Simón Bolívar.

Yo reafirmo que Zamora fue un gran líder popular porque, al igual que Chávez, supo interpretar que en el alma, en la conciencia, en el corazón de nuestro pueblo las ideas de Bolívar quedaron sembradas para siempre. Rescato el pensamiento de Zamora, como continuidad histórica del traicionado proyecto social de la Independencia. Así sí lo expresa él, en 1846, en El Pao de Zarate:

“… cueste lo que costare, lleguemos por fin a conseguir las grandes conquistas que fueron el lema de Independencia”.

Esa consecuencia con el proyecto independentista, lo reafirma el 7 de marzo de 1859, en Coro:

No más sombras siniestras en el horizonte de la Patria, enarbolemos el estandarte de nuestros padres, de los patriotas de 1811”.

Igualmente, es claro identificar en Zamora un anclaje, de su pensamiento, en los valores del socialismo utópico, y esto no es especulación ya que él tenía amigos socialistas y tuvo acceso a literatura de los pensadores europeos que defendían esta ideología, así queda plasmado en la proclama tras la toma de Yaracuy, en 1859:

“… proclamad el Evangelio de los principios políticos, la igualdad entre los venezolanos, el imperio de la mayoría, la verdadera República”.

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Ezequiel Zamora leyendo para los amigos en su pulpería

O de manera hermosa cuando prefigura la sociedad futura, el 12 de diciembre de 1859, después de la victoria en la batalla de Santa Inés de Barinas:

“No habrá pobres ni ricos, ni esclavos ni dueños, ni poderosos ni desdeñados, sino hermanos que sin descender la frente se traten bis a bis, de quien a quien”.

En el pensamiento de Ezequiel Zamora, también encontramos un claro rechazo al despotismo y una apuesta al poder liberador del pueblo, así lo expresa en la proclama emitida tras la ocupación de la ciudad de Barinas, en mayo de 1859:

“Se acerca el deseado momento de fundar el Gobierno Federal que da al pueblo la dirección y manejo de sus propios intereses, sin sujeción a ningún otro poder y se asegura un porvenir de gloria y bienandanza a todos los venezolanos”.

En esa misma proclama expresa:

“Habéis probado con vuestra abnegación que solo el pueblo quiere su bien y es dueño de sus suerte y que de hoy más, Venezuela no será patrimonio de ninguna familia ni persona”.

Es claro pues que el General del Pueblo Soberano, además del gran guerrero que fue, dejo elementos teóricos para la soberanía, para la construcción de una sociedad de iguales, para el ejercicio del poder popular y su pensamiento fue y sigue siendo una lanza contra quienes traicionan los ideales de justicia y dignidad por la que hemos luchado, como pueblo, sean estos quienes sean y reclamen la glorias pasadas que reclamen para justificar sus odiosos privilegios. Así se lo dice al pueblo apureño en una comunicación, fechada en Barinas, en mayo de 1859:

“Son insensatos los que olvidando el credo político de la democracia de la América, símbolo formado por su Libertador se imbuyeron en las doctrinas del absolutismo escrito sobre la tumba del héroe por los enemigos de la Independencia y enseñadas por el salvaje José Antonio Páez, que verdugo de sí mismo y asesino de la Patria, lleva desde entonces el Arca Santa de nuestros derechos navegando por entre lagos de sangre hermana”.

Este grave reclamo a la ignominia estremece el alma patriótica y nos demanda a quienes asumimos la dirección de la Revolución Bolivariana, como no los exigió nuestro Comandante Chávez mil veces, a no terminar así.

Finalmente, reivindicó la lealtad de Zamora a sus propios principios, que tal como Fabricio Ojeda, honró con su propia vida y al igual que éste renunció a acomodarse en el poder y escogió el sendero del sacrificio, como lo dejo escrito en su carta de renuncia al cargo de Gobernador de Barinas, dirigida al Presidente Monagas, en Abril de 1853:

“Quiero defender los fueros populares en los campos de batallas (…) El juramento que tengo prestado me obliga a cambiar mi vida por la libertad de mi Patria”.

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Nuestro compromiso es auténtico con la causa popular y por la justa construcción del socialismo

En el bicentenario de su nacimiento, juramentémonos de nuevo con las ideas y la vida de Zamora. Logremos en este tiempo que la lealtad, la honestidad y el compromiso auténtico con la causa popular no terminen otra vez en el camino de la traición de los negociantes de todos los tiempos o en el del martirio de los honestos y las honestas.

Es tiempo ya, que la victoria de las ideas justas sea irreversible para el pueblo sabio y libre de Venezuela. ¡Zamora vive, la lucha aún sigue!

HILAR FINO

Elías Jaua Milano.

Hilar fino, es la frase con que la sabiduría popular expresa la necesidad de actuar con precisión frente a una circunstancia compleja. Sin duda que el contexto nacional e internacional, obliga a la Revolución Bolivariana a evitar dar puntadas en falso.

En el contexto nacional, la decisión al margen de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, por parte de la mayoría contrarrevolucionaria en la Asamblea Nacional, de decretar el abandono del cargo de un Presidente en ejercicio evidente de sus funciones constitucionales y de mantenerse en desacato a las decisiones de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), constituye una amenaza latente a la vida democrática de la República, que no podemos soslayar.

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Desacato de la Asamblea Nacional a la Sala Constitucional del TSJ, constituye una amenaza latente a la vida democrática.

Se suma esta afrenta institucional a la agresión económica continuada contra nuestro pueblo, sobre cuyas consecuencias ya hemos escrito en artículos anteriores.Como lo señaló el Presidente Maduro en su discurso anual, que debió presentar ante el TSJ, vivimos un momento excepcional de la República.

A mi entender, este momento excepcional no ha derivado en una fractura del Estado Nacional gracias a la vocación de paz de la mayoría del pueblo venezolano, a la fortaleza institucional demostrada por la mayoría los Poderes Públicos y a la firmeza democrática y constitucionalista de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

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Es la hora de escuchar, procesar y actuar con firmeza, pero con humildad y sin improvisación.

En el contexto internacional, se verifican graves conflictos en África, Medio Oriente, Ucrania y peligrosas tensiones en la península asiática, todos promovidos por la élite imperial guerrerista de los Estados Unidos de América. En nuestro continente, la vuelta al poder de la derecha neoliberal y la agresión imperial contra los gobiernos democráticos populares ha introducido graves perturbaciones a la integración y a la estabilidad de nuestra región.

Todos los pensadores y analistas hablan de una nueva era con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. El mundo y nuestra América Latina aguardan expectantes cuáles serán las consecuencias para la humanidad de esta nueva era, que pocos apuestan a que sea buena. ¿Será nueva de verdad? Ya veremos.

En todo caso el panorama nos obliga a tomar nuestras propias decisiones políticas, institucionales, judiciales y económicas. A ser precisos en la ubicación de los cuadros en las instituciones, y en la valoración y disposición de las fuerzas políticas y sociales, para afrontar estos desafíos que como pueblo sabio y libre tenemos que vencer.

Es la hora de escuchar, procesar y actuar con firmeza, pero con humildad y sin improvisación, para poder encontrar la ventaja estratégica que nos permita preservar y expandir la soberanía, la paz, la igualdad y la democracia participativa y protagónica en nuestra Patria.

Finalmente, hoy quiero dedicar unas letras para Fabricio Ojeda, ejemplo de lealtad auténtica a los principios que se profesan. Fabricio tuvo la opción de “acomodarse” en el poder y seguir convocando en nombre del “llamado espíritu democrático del 23 de Enero”a defender una democracia burlada, pero ¡NO!, escogió denunciar la traición y transitar el camino del martirio.

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Honremos su memoria siendo leales a los principios que profesamos.

El mejor homenaje a Fabricio es NO “acomodarnos” en el poder y estar atentos cada día para que nadie invoque, engañosamente, el espíritu de la Revolución Bolivariana, como se hizo con el “espíritu del 23 de enero”, para ocultar desviaciones y defender odiosos privilegios.

Merecido reconocimiento el traslado de los restos de Fabricio Ojeda al Panteón Nacional. Honremos su memoria siendo leales a los principios que profesamos. ¡Honor y Gloria!

MAESTRAS Y MAESTROS

Elías Jaua Milano.

Maestro, el que tiene la experticia, el que enseña, el principal en un oficio, el grado mayor en filosofía, el que tiene méritos relevantes; son algunas de las definiciones de esa hermosa palabra. Sin duda, es un mérito relevante acompañar en su proceso educativo a los niños, niñas y jóvenes de nuestra Patria, eso hace a las mujeres y a los hombres que ejercen la docencia, sujetos protagónicos de la sociedad.

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Grato momento con admirables mujeres que ejercen la docencia, protagonistas de nuestra sociedad.

Ellas y ellos no solo enseñan, ellas y ellos también son madres y padres de nuestros hijos e hijas. Infinidad de veces las y los hemos visto consolar el llanto de un niño, de una niña, compartir el pan con un estudiante, hacerse amiga o amigo del joven para encauzar su rebeldía hacia lo grande, hacia lo hermoso, como decía nuestro Padre Bolívar.

Maestras y maestros, en este hermoso concepto incluyo a todas y todos los que ejercen el arte de educar; son forjadores de la personalidad, de la identidad de clase, de la identidad nacional, del espíritu humanista de generaciones enteras. No solo depende de ellas y ellos, pero en lo esencial nosotros somos hechura de la madre, el padre, la maestra o el maestro que tuvimos o no tuvimos.

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Todo aquel que ejerce el arte de educar, es forjador de la identidad y del espíritu humanista de generaciones enteras.

Hoy en el día que se les honra en Venezuela; en homenaje al valiente grupo de maestros que un 15 de enero de 1932, en medio de la oscurana que representaba la brutal y pro imperialista dictadura de Gómez, se organizó para luchar por una educación que iluminara la Patria; queremos reiterar el compromiso de la Revolución Bolivariana con quienes están, como decía el Comandante Chávez, llamados y llamadas a mantener encendido en nuestros niños, niñas y jóvenes el fuego sagrado de la Patria.

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Es indispensable valorar y proteger a quienes de manera amorosa, enseñan y aprenden junto a nuestros muchachos y muchachas.

El futuro de Venezuela y de la sociedad humana dependerá, en mucho, de los educadores y educadoras que tenemos y que tendremos. Por ello merecen, rescatando la frase bolivariana de Angostura, “el amor paternal” del Estado y más allá, de toda la población. Es indispensable para una sociedad, valorar, cuidar y proteger a los hombres y mujeres que de manera amorosa, enseñan y aprenden junto a nuestros muchachos y nuestras muchachas. Duele mucho cualquier agresión, de cualquier tipo, contra una maestra o un maestro.

Como hijo de Maestra, como alumno de buenas maestras y buenos maestros a lo largo de mi vida, tengo plena conciencia de la tarea que he asumido, vaya responsabilidad. Que Dios nos ilumine.

SANAR LAS HERIDAS

Elías Jaua Milano.

Llegó el 2017 y con él la voluntad revolucionaria de un nuevo comienzo, en el camino hacia la prosperidad de nuestro pueblo. El pasado 4 de enero el compañero Presidente Nicolás Maduro, durante la juramentación de un nuevo gabinete popular y revolucionario, hacía un honesto diagnóstico de las consecuencias de la guerra total desatada por el gobierno saliente de los Estados Unidos de América con sus operadores empresariales y su expresión política la llamada MUD, contra Venezuela.

Expresaba el Presidente Maduro que había que tener conciencia de las heridas sociales producidas durante estos cuatro años de batalla, para poder sanarlas. Sin duda que los derechos a la alimentación, a la salud, a la seguridad, a los servicios públicos, al poder adquisitivo de numerosos sectores de la población venezolana, han sido vulnerados por la guerra económica.

No obstante, también es necesario mencionar que la agresión no pudo detener la expansión de otros derechos fundamentales como la educación, el protagonismo popular, el acceso a la vivienda, a un salario mínimo, a una pensión de vejez, a la protección social, entre otros.

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La agresión no pudo detener la expansión de derechos fundamentales como la educación y el protagonismo popular. 

Lamentablemente la guerra no ha terminado, las irresponsables amenazas del ilegal Presidente de la Asamblea Nacional confirman una nueva escalada. Pero aún en medio de las batallas que nos toque librar en los próximos meses, para recuperar la estabilidad económica, defender la estabilidad política y con ello la paz y la Independencia Nacional, incrementaremos la ofensiva de protección socialista a las mayorías populares.

El Presidente Maduro ha anunciado un relanzamiento de todas las Misiones y Grandes Misiones Socialistas, me ha dado la responsabilidad de estar al frente de esa tarea, honraré esa confianza con trabajo revolucionario y profundo amor por nuestro pueblo, sobre todo por el pueblo sufriente, víctima de la guerra económica, mujeres, adultos mayores, niños y niñas; nunca desde una visión caritativa burguesa ni populista, siempre teniendo como objetivo estratégico el pleno desarrollo humano de nuestro pueblo y su organización política como sujetos protagónicos de la democracia revolucionaria, como siempre lo orientó el Comandante Chávez.

El Presidente Maduro señaló, con acierto,  que las heridas no solo han sido materiales, sino también morales. Así como sectores privados de la economía en connivencia con cierta burocracia estatal han aprovechado la guerra para enriquecerse de manera ilegal, también importantes sectores populares han sufrido un proceso de desclasamiento, optando por el camino del pillaje de la propiedad de otras familias, la explotación del pobre por el pobre mediante la extorsión de todo tipo, la desviación de los productos y recursos del Poder Popular, entre otras miserias humanas que han aflorado en medio de las dificultades.

Sanar esas heridas morales requiere un gran esfuerzo nacional, desde la educación, la cultura, las diversas religiones y el liderazgo político, con el fin de recuperar la identidad nacional, de clases y la solidaridad cristiana, que contenga esta especie de “bovera”, (fenómeno de anomia social liderizado por José Tomás Boves en 1814), desatada  en distintos niveles de la sociedad.

No empezaremos de cero, una amplia vanguardia popular contada en millones de hombres y mujeres, ha demostrado ser portadora de una fuerza moral y espiritual. Me refiero al liderazgo político, popular, militar, religioso, juvenil, trabajador, que no extorsionó ni corrompió a nadie, ni se dejó corromper, y optó por la lucha, el trabajo y la solidaridad por el prójimo,  levantando en alto la condición humana.

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Una amplia vanguardia popular ha demostrado ser portadora de una fuerza moral y espiritual.

Con ellos y ellas vamos al encuentro, este 2017, de una renovada moral cristiana, socialista, bolivariana, en el seno del pueblo sabio y libre de Venezuela. Que Dios nos acompañe.

LA FELICIDAD DE LA PATRIA

Elías Jaua Milano.

Así se fue clamando nuestro Padre Bolívar: “Mis últimos votos son por la felicidad de la Patria”. Y si la patria es el hombre y es una mujer, como cantaba Alí Primera, cuánto han luchado ese venezolano y esa venezolana por nuestra felicidad desde aquel clamor bolivariano.

No obstante, podemos decirlo sin ninguna intención propagandista, que los más altos niveles de felicidad social alcanzados como pueblo, fueron los que logramos en la primera década de este siglo XXI, tomando en cuenta el grado absoluto de Independencia política y los máximos niveles de igualdad en la distribución del ingreso nacional, traducidos en la masificación de derechos como la alimentación, la educación y salud pública y gratuita, el acceso a la vivienda y la máxima protección social a los adultos mayores, personas con alguna discapacidad, a niños, niñas y adolescentes, así como a nuestros pueblos indígenas, entre muchos otros.

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Cuánto hemos luchado por nuestra felicidad desde aquel clamor bolivariano.

En esa década ganada para la felicidad de la Patria, también recuperamos el pleno ejercicio de nuestros derechos políticos a la participación protagónica y con ello, nuestra capacidad soberana de ejercer el Poder. Igualmente, logramos constituir una visión y una plataforma para nuestro desarrollo económico productivo, que nos permitirá lograr la satisfacción de nuestras necesidades humanas y en efecto ganar nuestra Independencia económica. Cualquiera sería mezquino si no reconoce que estos avances los logramos bajo el liderazgo de un auténtico bolivariano, el Comandante Chávez.

Sin embargo, lo avanzado en el camino hacia la felicidad de la Patria tiene cuatro años en seria disputa con el intento restaurador del modelo neocolonial y de exclusión político, social, económico y cultural que desplazamos en 1998. La batalla por defender lo logrado está siendo muy dura, pero la damos convencidos de recuperar lo que nos han quitado, pero sobre todo de lograr lo mucho que nos falta por conquistar.

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En esa década ganada para la felicidad de la Patria, recuperamos el pleno ejercicio de nuestros derechos.

Hoy es  17 de diciembre de 2016, desde esta fecha faltan 14 años para el 2030, bicentenario de la muerte del Libertador de nuestra América. Estamos obligados a luchar y trabajar con mucha planificación, mística y pasión patria, para llegar a esa fecha con la Independencia política y económica que nos permita disfrutar de los bienes materiales y culturales que necesitamos para vivir con justicia y dignidad.

En el 2030 nosotros tendremos que rendir cuentas a Bolívar y yo aspiro que podamos expresar, allá en ese horizonte: Padre, no araste en el mar. Para ello debemos consolidar una cultura del reconocimiento de nuestra diversidad como pueblo; de la convivencia pacífica;  del trabajo productivo para satisfacer necesidades humanas; del desarrollo científico, tecnológico y educativo como herramientas de liberación; del orgullo de ser venezolanas y venezolanas; y de la participación política protagónica como garantía de hacer irreversible lo bueno que hemos logrado y lo que lograremos en el porvenir.

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Yo aspiro que podamos expresar, allá en ese horizonte: Padre, no araste en el mar.

Este será mi último artículo de este año 2016, publicados en mi Blog Horizonte en Disputa, reproducidos por iniciativa propia en la página Aporrea y en los diarios La Voz, El Avance, Noticias del Tuy, Ciudad Petare, Ciudad Caracas, Panorama y nuestro Correo del Orinoco. A todos los editores y editoras gracias por la cooperación en la difusión de mis ideas para la construcción de la Patria Buena.

A todos y todas los y las que me leen, especialmente a nuestra juventud, agradecido de su tiempo y espero que lo escrito haya sido útil para la batalla por la Independencia, la paz y la defensa de nuestro Socialismo Bolivariano, que hemos librado y seguimos librando este año.

Les deseo una navidad de reencuentro familiar y comunitario, y un feliz nuevo año 2017, a partir del cual alcancemos la máxima suma de estabilidad política, económica y social como lo soñó, como lo quiso, nuestro Padre Bolívar.

SOLO EL PUEBLO QUIERE SU BIEN

Elías Jaua Milano.

El título de este artículo lo tomo de una frase de Ezequiel Zamora, expresada en un documento fechado en Barinas, el 19 de mayo de 1859:

“Solo el pueblo quiere su bien y es dueño de su suerte y que de hoy más Venezuela no será patrimonio de ninguna familia, ni persona”.

En el fondo de esta frase está la causa de aquella guerra llamada Federal, pero que en verdad fue una insurrección popular, campesina, indígena, afrodescendiente, de soldados libertadores expropiados y de peones semi esclavizados, hartos todos y todas de ser desconocidos humana y socialmente; hartos de ser expropiados de sus tierras originarias o ganadas en la guerra de Independencia; hartos de ver violar a sus mujeres bajo el “derecho de pernada”, supuesto derecho que tenía el terrateniente de poseer a las mujeres de sus peones; hartos de ser llamados hordas, patas en el suelo, bandoleros, desdentados y con ello justificar sus asesinatos en masas; hartos de ver a sus jefes libertadores fusionados con la vieja oligarquía o convertidos en una nueva clase de déspotas.

Esa frustración social fue convertida en causa política libertaria por Ezequiel Zamora quien logró reunir, en una campaña político militar de menos de un año, a 5 mil hombres y mujeres que el 10 de diciembre de 1859 a fuerza de audacia y astucia, en Santa Inés de Barinas, hace 157 años, derrotó al ejército de 7 mil hombres, bien armados, que había mandado la oligarquía para aplastarlos.

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La causa político libertaria de Ezequiel Zamora, derrotó a un ejército de 7 mil hombres serviles a la oligarquía.

Esa victoria popular había dejado abierto  el camino para que en pocas semanas el pueblo llegara a Caracas a tomar el poder, pero el 10 de enero de 1860, un mes después de Santa Inés, en San Carlos, Cojedes, una bala traicionera, puso fin a la vida de Zamora y con ello sepultó la revolución política en marcha. Lo que vino después fueron 4 años de guerra social, que abrieron paso al Pacto de Coche entre las élites liberales y conservadoras, para una repartición del poder entre viejas y nuevas familias poderosas.

138 años después de aquella derrota estratégica para el pueblo, tras 138 años de desconocimiento a las grandes mayorías populares, estas lograron coronar por fin la victoria  un 6 de diciembre de 1998, cuando elegimos al Comandante Chávez como nuestro Presidente. Pero más que elegir a un Presidente se trataba de un cambio en las relaciones de poder, tal como lo expresaba el Comandante en las  “Líneas de Chávez” del 6 de diciembre de 2009:

“Aquel memorable 6 de diciembre, el pueblo tomó la decisión irrevocable de convertirse en protagonista de su propia historia y conductor de sus propio destino (…) el pueblo quería ser y se hizo alfarero de una nueva República”.

Esa nueva República, la República Bolivariana de Venezuela, está hoy en disputa, amenazada por las tradicionales oligarquías, lacayas del imperialismo, que quieren restaurar su sistema de exclusión y negación de todo derecho a las grandes mayorías populares, pero también, y cada día hay que decirlo y combatirlo con más fuerza, estamos amenazados por los grupos corruptos que han echado raíces en importantes áreas de la políticas públicas para enriquecerse ilegítimamente, en concierto con un no menos corrupto y corruptor sector privado.

Estos grupos, además del daño administrativo y ético que le hacen a la Nación  y al pueblo, pujan por una concertación con los terratenientes, con los grupos monopólicos y las viejas oligarquías, para legitimar ideológicamente el ejercicio de su nuevo estatus mal habido, convirtiéndose así en la génesis de una fuerza contrarrevolucionaria.

La Revolución Bolivariana de Chávez, cuando se dice zamorana, es porque se asume anti oligárquica, anti latifundista, anti clasista, es decir, esta es la revolución de los y las indígenas, de los campesinos y campesinas, de los trabajadores y trabajadoras, de los pescadores y pescadoras, de los soldados patriotas, de productores y productoras e industriales honestos y honestas, de los comuneros y comuneras y de toda nuestra juventud que aspira un porvenir de paz y prosperidad. Es decir, es una revolución socialista.

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La Revolución Bolivariana de Chávez, se dice zamorana, porque es una revolución socialista, anti oligárquica, anti latifundista y anti clasista.

Con esa misma fuerza con que defendemos el Poder Popular, decimos que como dirigentes revolucionarios tenemos que tener la capacidad que tuvo el Comandante Chávez de encontrar y mantener el camino pacífico y democrático del ejercicio de ese poder, y evitarle a nuestro pueblo y sobre todo a nuestros jóvenes 100 años de guerra, como  vivieron, o murieron, nuestros antepasados en el siglo XIX.

Es por ello que apoyamos la decidida opción por el diálogo nacional del Presidente Nicolás Maduro, cuyo objetivo nunca será un pacto con la burguesía, pero sí un reconocimiento mutuo; la convivencia entre los venezolanos y las venezolanas; el pleno respeto a la Constitución Bolivariana y el derecho a la esperanza de construir una sociedad cada día más justa e igualitaria.

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Apoyamos la decidida opción por el diálogo, sobre el pleno respeto a la Constitución y al derecho a construir una sociedad más justa e igualitaria.

El Comandante Chávez nos condujo al poder para que como pueblo fuésemos dueños de nuestro bien, como aspiraba Zamora, nuestro objetivo no es la guerra, nuestra meta estratégica es la máxima bolivariana, la unidad nacional y la suprema felicidad social en nuestra Patria. Dios mediante, pueblo sabio y libre mediante, así será.

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¡Venceremos!