POR EL CAMINO

Elías Jaua Milano

Por encima de las desviaciones, me quedo con la madres cocineras cocinando a leña

Escribo este artículo, más bien una nota,  en la ruta. En los últimos días he realizado un recorrido desde Mérida, por el Sur y la Costa Oriental del Lago, hasta Maracaibo. Pasando por El Vigía, Caja Seca, La Ceiba, Mene Grande, Cabimas, entre otras poblaciones.  Hemos visto realidades, hemos escuchado a un pueblo que resiste en medio de grandes dificultades, hemos conversado y discutido con el poder popular organizado y también con el trabajador, el vendedor de carretera, el pequeño comerciante, las maestras y los estudiantes.

El propio pueblo se pregunta, cómo se aguanta una situación tan difícil como la actual. Las respuestas son múltiples: resignación, miedo, conciencia, confianza en que lograremos superar este momento, que Venezuela es grande y la vamos a sacar adelante.

Yo concluyo que la conciencia acerca de que la Independencia y la dignidad de la Patria no son negociables; que  una guerra es lo peor que nos puede pasar y la confianza, que viene de la profunda Fe de nuestro pueblo y su conocimiento de las potencialidades que tiene Venezuela, en que vamos a salir bien librados y  vamos a lograr un buen porvenir.

Por encima de las desviaciones, que las situaciones caóticas profundizan, como el contrabando, la corrupción, la explotación y la miseria humana, me quedo con las virtudes de las maestras que van caminando kilómetros a dar clases; con la madres cocineras cocinando a leña; con la alegría de los niños y niñas celebrando el Día de la Resistencia Indígena; con el Teniente de la Guardia combatiendo con firmeza las mafias en las colas para abastecer gasolina; con el mediano productor que está vendiendo un tractor, pero no para irse del país, sino para sembrar más; con la familia emprendedora que montó una taguarita para vender comida en la carretera;  con el pequeño comerciante que saquearon meses atrás y que volvió abrir con las vidrieras rotas; con el empresario que mantiene su empresa funcionando; con un grupo de nuevos bachilleres entusiasmados con su próximo ingreso a la Universidad de Los Andes; con los comuneros y comuneras que producen y auto gestionan en medio de la situación; con los comunicadores populares empeñados en explicar las causas de los problemas y defender el legado programático de la Revolución Bolivariana; con servidores públicos asqueados de la corrupción y con ganas de luchar contra ese flagelo; con académicos y técnicos que aportan propuestas de soluciones; con las bases del chavismo que perseveran por el camino de Chávez.

Todos ellos y ellas existen, los conocí, los abracé, les reconocí. Ellos y ellas son la semilla que se abrirá paso entre el lodazal, para que germine la Patria buena donde vamos a caber todas y todos con igualdad, justicia y dignidad.

Hay que reconocer los problemas que la confrontación y la agresión han generado, para poder evidenciar la grandeza del pueblo que la sufre y la resiste, pero no se corrompe, ni se entrega, ni se rinde. ¡Honor y gloria al digno pueblo de Venezuela!

Sigo por el camino, rumbo a Caracas, con la firme convicción de que el pueblo vencerá, la Patria vencerá. Dios mediante, así será. 

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NEOLIBERALISMO ¡VADE RETRO!

Elías Jaua Milano

Las protestas en Ecuador demuestran que los pueblos no se van a dejar sacrificar de nuevo en aras un modelo que les ofrece hambre para hoy y migajas para mañana.
Los pueblos no se van a dejar sacrificar de nuevo en aras un modelo que les ofrece hambre para hoy y migajas para mañana

Los acontecimientos de las últimas semanas no dejan lugar a duda de que los pueblos son sabios. El contundente rechazo popular al gobierno de Macri y sus políticas en Argentina; la crisis institucional en Perú; la agitación social en Colombia, lamentablemente en medio de una nueva matanza de dirigentes sociales,  las protestas sociales y la inestabilidad política en varios países de la región; la rebelión popular en Ecuador, en desarrollo, son evidencias de que nuestras sociedades están curadas en salud contra el recetario neoliberal.

A todos nosotros nos vendieron y aplicaron esa receta en los inicios de la década de los 90, bajo el principio activo de la restricción monetaria como antídoto contra el mal de la inflación. Privatizar, reducir “gasto” social, congelar salarios; liberar importaciones y precios, flexibilizar relaciones laborales, eran los principales pasos a seguir para curar nuestros males económicos originados en el “populismo”.  “Aguanten un poquito, el ajuste es por un tiempo corto, después la copa de champaña se derramará sobre todos”, era el metarelato de los corifeos monetaristas de entonces, y lo sigue siendo de los de hoy.   

El remedio fue peor que la enfermedad. A finales de la década de los 90 del siglo XX, el Producto Interno Bruto (PIB) de la región había caído drásticamente, la pobreza y la desigualdad se profundizaron, se produjo una drástica desindustrialización y pérdida de soberanía sobre nuestros recursos; el caos y la violencia social y política imperaban en todas nuestras naciones, entre otros males agravados.

En la primera década de este siglo XXI, la lucha de nuestros pueblos contra el modelo neoliberal a lo largo de la última década del siglo pasado generó las condiciones para la emergencia de un liderazgo democrático popular que alcanzó el poder político en la mayoría de los países de América Latina, permitiendo el desarrollo de un modelo económico soberano e inclusivo en cada uno de esos países.

Nosotros, el pueblo venezolano, con el Comandante Chávez, fuimos precursores de esa insurgencia con la rebelión popular de 1989; la rebelión militar de 1992; la victoria electoral de 1998 y la aprobación popular de la primera Constitución blindada contra el neoliberalismo, la vigente Constitución Bolivariana de 1999.

La recuperación de la gobernabilidad económica, la defensa y restauración de la soberanía sobre nuestros activos y recursos; la restitución de los derechos laborales y sociales; la expansión del poder adquisitivo del pueblo trabajador, el apoyo y financiamiento masivo para la producción nacional, entre otras medidas de sana intervención del Estado en cada uno de nuestros países, durante el periodo de los llamados gobiernos progresistas, permitieron que en conjunto nuestra región mantuviera un crecimiento sostenido del PIB; se redujera la histórica brecha de desigualdad social y con ello la pobreza y nos convirtiéramos en la región de mayor estabilidad política del mundo y con importantes avances en la integración y la unión de nuestros pueblos.

Al contrastar los dos modelos y sus resultados, a nadie puede extrañar lo que ocurre en estas horas en las calles de Ecuador y otros países hermanos. Los pueblos no se van a dejar sacrificar de nuevo en aras un modelo que les ofrece hambre para hoy y migajas para mañana. Los pueblos probaron que se puede vivir con igualdad, justicia y dignidad y van a luchar por eso, siempre van a luchar.

Aquí en nuestra Patria, debemos desechar cualquier duda acerca de la imperiosa necesidad  de recuperar nuestro modelo de gobernabilidad económica. Si queremos evitar males mayores, debemos desoír los cantos de sirena del fundamentalismo monetarista. En medio de la agresión y el bloqueo económico, es cuando más alejados debemos mantenernos de la falacia neoliberal.  

Hoy más que nunca está vigente aquella frase del Comandante Chávez “El neoliberalismo es el camino al infierno” y la reafirmación de nuestro camino económico en el Plan de la Patria del 2012, el que aprobamos por estos días hace 7 años cuando elegimos por última vez a Hugo Chávez como Presidente.  Chávez nos dejó dicho en ese plan: “Seguiremos moldeando un sistema de relaciones sociales de producción, sustentado en los valores del saber y el trabajo; al servicio de la satisfacción plena de las necesidades humanas de nuestro pueblo”.

Con Bolívar decimos, vacilar es perdernos. Es por el camino de Chávez y no por otro que nuestro pueblo despejará el horizonte hacia un buen porvenir. Neoliberalismo ¡Vade retro!

INDEPENDENCIA Y ECONOMÍA

Elías Jaua Milano

La semana que acaba de transcurrir estuvo marcada por una ofensiva internacional del gobierno venezolano, en el contexto de la realización de la Asamblea General de las Naciones Unidas y de la visita oficial a Rusia, con el saldo positivo de la reafirmación del reconocimiento internacional a la legitimidad constitucional del gobierno del Presidente Nicolás Maduro. 

Así quedó demostrado con la acreditación y participación oficial del Canciller y la Vicepresidenta de la República en las sesiones multilaterales celebradas en Nueva York. La estrategia del gobierno de los Estados Unidos de crear escenarios paralelos para intentar legitimar al fallido gobierno, inconstitucional, de Guaidó, pasaron sin pena ni gloria.

La presentación, por parte del Presidente de Colombia, de una foto donde miembros del ELN supuestamente reclutaban niños en territorio venezolano, que luego fue desmentida por la propia prensa colombiana y la grave afirmación hecha por la esposa de Leopoldo López, acerca del apoyo que reciben de grupos paramilitares, terminaron por restar credibilidad y confianza a la estrategia de legitimación del fallido gobierno tutelado por Donald Trump, por cierto ahora sometido a un juicio político por parte del Congreso de su país.

Todo lo ocurrido en este escenario internacional debilita las políticas de agresión extranjera contra nuestra Patria y abonan a la estabilidad política interna. En paralelo en nuestro territorio, se concretó la incorporación del Bloque de la Patria a la Asamblea Nacional, en un nuevo esfuerzo hacia la indispensable normalización de la vida institucional del país.

Particularmente considero que estos esfuerzos internacionales y de política interna no deben ser vistos como un pulseo de los actores políticos, sino valorados como pasos para consolidar la Independencia y la paz de Venezuela.  Pasos necesarios para, aun en medio del bloqueo, ir superando las graves dificultades que atraviesa la economía familiar.

Hoy más que nunca la expansión de la producción nacional y el consumo interno necesario, son indispensables para dinamizar y fortalecer nuestra economía, como base de nuestra Independencia. La banca pública y privada deben desarrollar una masiva política de créditos en bolívares, con carteras obligatorias, direccionadas y supervisadas de manera priorizada en las áreas de petróleo y petroquímica, energía eléctrica, agro alimentos y construcción para empresas grandes, medianas, pequeñas, privadas, públicas, cooperativas, comunales y familiares.

De igual manera, se debe avanzar en una política paulatina de recuperación del salario real, acompañada de subsidios temporales, priorizando por los trabajadores y las trabajadoras de la educación y la salud pública, ya que la garantía de la prestación de estos derechos constituyen parte fundamental del salario social de la población  y del cuido y desarrollo necesario de una generación de niños, niñas y jóvenes, garantes del porvenir nacional.       

Preservar la circulación de nuestra moneda, elevar a los máximos niveles la producción de bienes esenciales y proteger el poder adquisitivo del pueblo trabajador son principios fundamentales para consolidar la unidad y la paz nacional, necesarias para enfrentar la grosera agresión extranjera y de los factores extremistas internos. Para la batalla, de la magnitud que estamos librando, necesitamos un pueblo moralizado, con derechos y con poder. ¡La Patria vencerá! 

NUESTRA ECONOMÍA

Elías Jaua Milano.


Más allá de la confrontación política y las permanentes acciones de agresión y amenazas militares desde el extranjero, el impacto de estas en la vida cotidiana es lo que más angustia y ocupa a nuestro pueblo hoy día. La hiperinflación y su par la hiper especulación, así como la imposición del dólar como moneda en la microeconomía familiar han pulverizado el salario, generando la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras.

PRODUCIR ES EL CAMINO
La producción del campo venezolano, es la principal vía del éxito para estos tiempos de lucha.

En estas circunstancias, estamos  obligados a dar respuesta a esta situación  que atraviesa la familia venezolana. Hay que crear, inventar, innovar políticas que permitan que la economía vuelva a estar al servicio del ser humano, como lo logramos en la primera década de este siglo.

Para esto, es necesario revisar los fundamentos y los logros pasados de nuestro modelo económico. En la introducción de la Agenda Alternativa Bolivariana (AAB) de 1996, presentada por el Comandante Chávez para contestar la agenda del gobierno de entonces y su política de restricción monetaria, decíamos:

“La AAB coloca los desequilibrios macrosociales en el primer rango y prioridad, para dejar en segundo plano a los desequilibrios macroeconómicos. ¿Cómo puede pensarse, por ejemplo, que solucionar el déficit fiscal pueda ser más urgente e importante que acabar con el hambre de millones de seres humanos?. Ante la ofensiva neoliberal, entonces, surge aquí y ahora un arma para la contraofensiva total”.

Ese planteamiento audaz del Comandante Chávez, con el cual hacía ruptura con las para entonces inobjetables tesis de restricción monetaria del neoliberalismo reinante, puso contra la pared al gobierno y su llamada Agenda Venezuela y fue la bandera para la acumulación de fuerzas necesarias que permitió la victoria popular de 1998.

Una vez lograda la victoria, el Presidente Chávez se empeñó, contra viento y marea, en cumplir su compromiso, plasmado en el programa de gobierno llamado “La propuesta de Hugo Chávez”, de construir un modelo económico humanista, autogestionario y competitivo. Un sistema económico que ubicara al ser humano en el centro de su ocupación, posibilitando la satisfacción de sus necesidades a partir de un nivel adecuado de ingreso real para la familia venezolana.

A lo largo de la primera década de este siglo XXI, Hugo Chávez demostró que al margen de las tesis monetaristas, se podía lograr crecimiento económico, con el pico histórico de 18,3 % en el año 2004, con incrementos salariales anuales que nos llevaron a tener el salario más alto de la región, la expansión del consumo a niveles históricos, especialmente en el sector alimentos; con una masificación de las políticas crediticias, en condiciones preferenciales, que impactaron en la oferta de bienes y servicios.

Todo eso, con una tasa de inflación media, pero controlada y un régimen cambiario medianamente eficiente, sin que estas variables llegaran a afectar negativamente el poder adquisitivo del pueblo.

El objetivo de la Agenda Alternativa Bolivariana se cumplió, es verdad no tuvimos déficit cero, ni inflación de un dígito, pero nuestro pueblo se alimentó, educó, tuvo acceso a la salud y a todos los derechos sociales, incrementamos la producción nacional a niveles históricos y nos convertimos en el país con la menor desigualdad social de nuestra América, con 0,38 en el índice gini. Necesario es destacar, que todo se hizo con un promedio de menos de 60 dólares el barril petrolero a lo largo de toda la década.

Chávez tenía razón y lo demostró para el bien de la familia venezolana.

Hoy en medio de la criminal agresión económica, comercial, financiera y el embargo de nuestros activos estamos obligados a comenzar de nuevo, desechando las falacias monetaristas y concentrando nuestro esfuerzo y los escasos recursos en recuperar la producción nacional, en la activación de grandes obras públicas con recursos en bolívares, con nuestros propios materiales e insumos, con el personal profesional capacitado y patriota que está dispuesto para la tarea.  

De manera creativa y audaz tenemos que concentrar nuestro esfuerzo en la recuperación del poder adquisitivo del pueblo trabajador y con ello su capacidad de acceder a los bienes básicos que podemos y debemos producir, generando desde adentro el dinamismo de nuestra economía.  

Cuentan que decía Winston Churchill que N números de economistas, tenían N número de soluciones, pero que el señor Keynes siempre tenía N+1. Nosotros estamos obligados a encontrar ese +1, más allá de las recetas neoliberales “reformadoras” que terminan siempre, siempre, siendo un calvario para los pueblos.

En la historia del siglo XX claro está que las naciones salieron de las grandes crisis, de las guerras y abordaron la reconstrucción en los periodos de posguerra con el activo rol promotor, regulador, inversor y ejecutor del Estado, en cooperación con el resto de los sectores de la economía.

Cuando logremos la estabilidad política y el cese de la agresión extranjera, será el tiempo de las necesarias transformaciones de  la estructura económica. En medio de esta confrontación, como nunca antes cobra vigencia, la frase de Simón Rodríguez “O inventamos o erramos”, para que nuestro pueblo viva y venza.    

VAMOS GENTE DE MI TIERRA

Elías Jaua Milano.

Nuestro pueblo no se deja confundir con las tesis neoliberales.
Nuestro pueblo no se deja confundir con las tesis neoliberales.

Con este artículo iniciamos una nueva etapa en la batalla de ideas, en un contexto cada día más complejo para nuestra Patria y para la vida cotidiana de la familia venezolana, pero que a la vez nos obliga a un sublime aliento para encontrar o inventar las claves que nos permitan despejar el horizonte, con el espíritu de la canción necesaria de Alí Primera: “Vamos gente de mi tierra, luchemos, luchemos por un mundo mejor”.

En la actualidad, desde el escenario internacional se profundizan las acciones ilegales, intimidatorias y de provocación por parte del gobierno estadounidense y sus aliados, particularmente del gobierno colombiano.  No obstante, se verifican contradicciones al interior del gobierno de Trump y entre éste y sus aliados europeos, sobre cómo desarrollar la estrategia de intervención en nuestro país. Contradicciones que hay que saber interpretar y aprovechar correctamente para contener el ritmo de la agresión y lograr un espacio para el necesario acuerdo político que nos permita una administración democrática del conflicto.

A lo interno, el efecto de las sanciones y la confrontación es cada vez más sentido en el seno del pueblo. La escalada del valor de la divisa, la hiperinflación, el creciente menudeo del dólar, acompañado del gen especulativo que subyace en la mayoría del sector privado nacional ha erosionado de manera inédita el poder adquisitivo del pueblo trabajador.

Esta realidad económica también sigue impactando de manera negativa en la garantía de los derechos sociales, a pesar de los grandes esfuerzos que hace el gobierno; en el funcionamiento de los servicios públicos y en el desarrollo de la producción nacional.

Toda esta situación genera una demanda creciente de la población hacia el gobierno de mayor ejercicio de la autoridad democrática, especialmente en el ámbito de la economía. Nuestro pueblo no se deja confundir con las tesis neoliberales. Nuestro pueblo reconoce el papel del sector privado, pero a la vez reclama que se ejerza el rol regulador del Estado en la economía, como está previsto en la vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, de 1999, en función de proteger los derechos y los intereses de las mayorías trabajadoras.

Las dificultades crecientes que vive nuestro pueblo obliga a toda la dirigencia política nacional responsable, por encima de los sectores extremistas de la oposición aliados del narco paramilitarismo colombiano y que promueven  la intervención extranjera,   a desarrollar esfuerzos superiores y sinceros para lograr un acuerdo de reconocimiento político tendiente a normalizar la vida institucional del país, a partir de lo cual se pueda ir desmontando el ilegal esquema de sanciones económicas unilaterales y de embargos de activos en el extranjero, así como allanar el camino para la solución de temas como la deuda y el financiamiento externo, en condiciones soberanas, en función de la necesaria inversión que permita la recuperación real de la producción, primordialmente de la producción petrolera.

Sin dudas, que se requiere de inmediato de acciones contingentes para la recuperación del salario y la protección de nuestra moneda, el Bolívar, para que nuestro pueblo tenga un respiro en esta dura situación. Sobre esto hablaremos en el próximo artículo.

A ti Mujer, a ti hombre, a Uds. jóvenes, hijos e hijas de nuestra Patria, otra vez con la letra de Alí Primera los exhorto: “A pesar de este cuadro, que no nos gane el pesimismo”. Tengamos confianza en que por el camino de la Independencia y la dignidad nacional; del ejercicio pleno de la democracia protagónica, de una cultura de la honestidad, del trabajo, de la producción; de la igualdad social postulada y practicada; del reencuentro nacional; por el camino de Chávez, Venezuela marchará derechito a un buen porvenir. Dios mediante así será.

CHÁVEZ ES MAYORÍA

Elías Jaua Milano.


 

En medio de la  conmemoración de los 65 años del nacimiento de nuestro Comandante Hugo Chávez Frías, quiero resaltar de él su inmensa capacidad de construir mayorías con vocación de poder democrático.  

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Con Chávez construimos una mayoría plural, diversa, democrática.

Chávez  fue un líder que unió  a las multitudes desesperanzadas de la década de los 90 del siglo XX, les abrió un camino democrático, pacífico y electoral, las dotó de un proyecto nacional y las condujo a la toma del poder político y con estas produjo las más grandes transformaciones democráticas de nuestra  historia.      

Chávez nace como figura histórica en medio de la rebelión militar  del 4 de febrero de 1992,  pero es partir de 1994, cuando sale de prisión, que comienza el proceso de acumulación de fuerzas populares y patrióticas en el seno de la sociedad.

Son  bien conocidas las dificultades que tuvo que enfrentar para desplegar una estrategia democrática en ese sentido, por un lado el acoso del gobierno de turno y por otro las tendencias sectarias, guerrerista y hasta fascistoides en el seno del Movimiento Bolivariano, que se negaban al camino político.

Bastantes veces el Comandante Chávez nos relató esa etapa, en lo personal nos tocó vivirla políticamente, de lucha contra estas tendencias, las cuales siempre ejemplificaba con aquella historia de cuando él dio la orden de expansión de la militancia,  notó que este crecimiento era muy lento, se puso a indagar y en un Círculo Bolivariano le respondieron: “Chávez, es mejor ser poquitos pero irreductibles”.

También tuvo que confrontar la resistencia a participar en las elecciones presidenciales, posición en la cual casi fue derrotado por las referidas tendencias internas en 1996.

El Comandante no se rindió, se fue el mismo a las calles, a las catacumbas y en 1998 emergió como el más gran líder de masas del siglo XX  y principios del siglo XXI, fundó un instrumento electoral plural, diverso, democrático el Movimiento V República (MVR); conformó una gran alianza nacional con todo el que se quiso unir, el Polo Patriótico; presentó un programa viable y sencillo que resumía los anhelos de las mayorías, la Agenda Alternativa Bolivariana; enarboló una bandera: ¡Constituyente!  Y así nos condujo a nuestra primera victoria, el 6 de diciembre de aquel año.

A lo largo de poco más de 12 años de ejercicio de su liderazgo nacional, Chávez nunca renunció a ser mayoría. A partir de 2010,  somete a un proceso de autocrítica su propio liderazgo y de critica a nosotros los dirigentes del PSUV,  proceso expresado en el documento “5 Líneas de Acción Política”, donde cuestiona el sectarismo y la desconexión con las bases populares; él mismo se va a la calle, se deja interpelar e interpela. Convoca a la reunificación de las fuerzas patrióticas y a la construcción de una hegemonía democrática:

“Estamos obligados a convencer y a construir, eso no se decreta, una gran sociedad patriótica que incluya a los sectores medios de la población, intelectuales, profesionales, técnicos, a los llamados ni ni o apolíticos”.

Desde esa idea  llama a la conformación, en 2012, de una nueva gran alianza: el Gran Polo Patriótico, como mecanismo para romper con el sectarismo, el cual consideraba como una gran amenaza a la viabilidad democrática de la revolución. En tal sentido expresa:

“Dejemos el sectarismo, aquí estamos nosotros, cierren la puerta, ¡No! hay que abrir las puertas a través del debate, del dialogo”.

Chávez nunca permitió que los grupos, “anillos” o  asesores lo convirtieran en minoría. Chávez sabía que una revolución sin ser  mayoría, fenece. Las revoluciones no las hacen los gobiernos, las hacen las mayorías populares, las hacen los pueblos bajo un liderazgo ético.

Hoy, el PSUV no puede conformarse con ser la mayor de las minorías electorales. El chavismo nació de las mayorías y solo siendo mayoría política,  social y cultural, expresada electoralmente,  podrá lograr sus objetivos de consolidar y expandir la Independencia, la democracia protagónica, la igualdad social, una sociedad productiva y honesta, forjar una cultura del trabajo, en fin, abrir el camino hacia una democracia socialista.

En tiempos de agresión imperialista, las consignas y las políticas de atrincheramientos son necesarias para resistir, pero no son suficientes para una contra ofensiva  revolucionaria. La necesaria unidad y cohesión no debe ser contradictoria con la participación protagónica de las mayorías contestarías, criticas, rebeldes que conforman el Chavismo. Ya lo decía Chávez:

“La unidad, no es aquello de monolítica, que vamos hacer todos iguales, ¡Patria o Muerte Venceremos!; ¡No, No y No!. La unidad es diversa,  es contingente, va evolucionando,  a veces se fortalece, a veces se debilita (….) Hay que cabalgar sobre la unidad, revisándola, cohesionándola, con debate, con argumentos, convenciendo, esto es vital”.

Para nosotros y nosotras, vital es practicar el profundo e inequívoco pensamiento democrático popular de Chávez.   Para profundizar  este tema, comparto este link https://youtu.be/7g0e2AqhHYc de un video del Colectivo Tatuy Tv, para que vean y oigan a Chávez.

Es hora de pasar de la consigna defensiva “Rodilla en tierra” a la consigna revolucionaria de Chávez de aquel marzo de 1994, cuando fue liberado en el Paseo Los Próceres: “¡Vamos a la calle, a las catacumbas, vamos a la carga a la toma del poder político!”. Vamos a  la carga pues, a reunificar a la mayoría social chavista. Seamos irreductibles, pero siempre seamos una mayoría democrática.

Hoy es necesario una contraofensiva popular, democrática revolucionaria y chavista para refundar las bases éticas políticas de la Revolución Bolivariana como garantía de la Independencia, la paz y la democracia socialista en Venezuela.  Solo por el camino de Chávez y no por otro lo lograremos. Así será.

PD. Compatriotas, durante el mes de agosto haremos un receso en nuestros escritos, más no en la batalla revolucionaria de todos los días.

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40 AÑOS

Elías Jaua Milano.


Tenía 9 años, en 1979, cuando en mi casa se comentaba con fervor, la lucha que estaba librando el pueblo de Nicaragua, contra un dictador sangriento, Anastasio Somoza Debayle, cuya familia había sometido al pueblo durante 40 años, protegida por los Estados Unidos. Esa lucha era liderada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional ( FSLN) fundado en 1969, casualmente año de mi nacimiento, por Carlos Fonseca Amador.

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Aquellos días de julio de 1979, seguía por televisión, junto a mi Mamá,  el desarrollo de la rebelión dirigida por jóvenes mujeres y hombres. Y el 19 de julio de aquel entonces, amanecimos con la gran noticia de la victoria popular.

Se iniciaba así por primera vez, en la tierra del General de Pueblos Libres, Augusto Cesar Sandino, quien había liberado a su Patria de la ocupación de Estados Unidos, a mediados del siglo XIX, un auténtico y hermoso proceso de liberación democrática, en lo político, económico, social y cultural liderado por Daniel Ortega y un grupo de valiosos e inspiradores dirigentes.

No hubo tiempo para celebrar, había muchas que hacer y casi de inmediato comenzó la guerra contrarrevolucionaria, en lo mediático, en lo económico  y que finalmente se concretó en un  escenario de violencia mercenaria.  Y mucho hicieron,  y cosas muy hermosas hicieron a favor del pueblo, en medio de la guerra contra, dirigida desde la Casa Blanca por Elliot  Abhrams.  En nuestros liceos y luego en la Universidad, acompañamos desde la solidaridad revolucionaria la lucha cristiana, socialista y democrática del admirado pueblo nicaragüense.

El gobierno de los Estados Unidos y sus lacayos hicieron ingobernable al país, en esas condiciones forzaron unas elecciones adelantadas en 1991, donde el FSLN, fue derrotado electoralmente. Comenzaba una etapa de  resistencia y acumulación de fuerzas constante para volver al poder.

Tuve el privilegio de visitar Nicaragua en aquellos turbulentos años y nos enamoramos de su historia, de su música, de su batallador pueblo. No por casualidad mi hija Natalia, nació un 19 de julio de 2003. Como un chilotito tierno (así llaman allá al maíz jojoto).

En 1999 triunfó la Revolución Bolivariana en Venezuela bajo el liderazgo de nuestro Comandante Chávez. Al poco tiempo,  en el año 2001, él me designó para recibir y acompañar al Comandante Daniel Ortega en nuestra Patria, en una visita política que éste realizó.

16 años después de aquella derrota electoral, que a decir de Eduardo Galeano fue como “un golpe de Dios” para nuestra generación revolucionaria, en Enero de 2007, acompañando a nuestro Comandante Chávez,  presencie la juramentación de Daniel Ortega como Presidente de Nicaragua, tras haber ganado las elecciones en noviembre de 1996. Ese día, allá en la Plaza de La Fe,  yo recordaba la frase de nuestro Libertador Simón Bolívar  “Dios concede la victoria a la constancia”.

A lo largo de estos 12 años he presenciado en primera línea el gran  esfuerzo de reconciliación nacional y una de las mejores gestiones de gobierno que he conocido en nuestro continente. Un país precarizado tras16 años de neoliberalismo salvaje, en poco más de una década ha sido recuperado en lo económico, en lo social, en la infraestructura, en los servicios.

En el año 2008, asistí a la reapertura de un camino rural en la Costa Atlántica de Nicaragua y un campesino me dijo: “Este camino lo abrió la revolución en los 80, se fue la revolución y al camino se lo tragó la selva durante 16 años, ahora volvió la revolución y se volvió a abrir el camino”. El pueblo es sabio.

A pesar de gobernar con todos y para todos, el año pasado el gobierno de reconciliación nacional que encabeza Daniel, en nombre del FSLN, fue emboscado de manera violenta por las élites que nunca aceptan que las mayorías populares gobiernen.

El gobierno derrotó el intento de llevar a Nicaragua a la guerra, y de manera laboriosa ha comenzado a recuperar la estabilidad, mediante el diálogo sincero con todos los sectores y un proceso de amnistía para los violentos.

El proceso sandinista es una escuela de paciencia y constancia en la construcción de mayorías, una y otra vez, cuantas veces le ha tocado hacerlo.  Ese pueblo nos ha demostrado que no hay derrota final, que siempre habrá mañana para la causa de la soberanía nacional y de la democracia socialista.

Por eso y por muchas cosas más, digo con la letra de una hermosa canción nicaragüense “Soy y seré militante de la causa Sandinista”. ¡Feliz aniversario de la Revolución Popular Sandinista!    

 

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