EL RUMBO VICTORIOSO

Elías Jaua Milano


Hace 20 años, el 6 de diciembre del año1998, el pueblo venezolano tuvo el encuentro con una autentica victoria bajo el liderazgo del Comandante Hugo Chávez. La victoria siempre luchada, cien veces postergada, a veces lograda y después traicionada por dirigentes débiles y corruptos, al fin la conquistamos aquel bendito día.

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Chávez nos condujo al camino de la victoria con esperanza, liderazgo auténtico, organización. Una Estrategia de Poder junto a un Programa Revolucionario.

Más allá del anecdotario, en estos días es necesario rescatar de la historia contada por el propio Chávez, las claves del proceso de acumulación de fuerza que nos permitió despejar el horizonte de la Patria, aquel diciembre, para que esa etapa sea fuente de pedagogía política permanente para las presentes y futuras generaciones de revolucionarios y revolucionarias.

En libro autobiográfico “Hugo Chávez, Mi Primera Vida. Conversaciones con Ignacio Ramonet”, el Comandante nos va describiendo como, durante una parte de la década de los 90, se van sentando las bases para garantizar aquella victoria popular, veamos:

La esperanza: “En la mentalidad colectiva de la sociedad venezolana de los años 1992 a 1998, radicaba en el renacimiento de la esperanza. El pueblo volvía a reclamar su derecho a soñar y, más aún su obligación de luchar por ese sueño”. (Pág. 625).

El papel del líder: “Una voz interior me decía de cumplir con mi deber y asumir esa misión. Me convencí que debía liderar el país si quería cambiarlo” (Pág. 688).

El proceso organizativo: “Me puse a recorrer Venezuela de punta a punta (…) Conseguimos organizar el Movimiento en todas partes (…) Día tras día, casi sin descanso, durante los años 1994, 1995, 1996. (Pág. 623).

La estrategia de poder: “En Valencia, el 19 de abril de 1997, se tomaron dos decisiones: primero, crear un instrumento político electoral; y segundo: lanzar mi precandidatura” “Ahí decidimos crear el partido Movimiento V República, y definimos su basamento, su programa y la candidatura”. (Pág. 690).   

El programa: La Agenda Alternativa Bolivariana para superar los ejes problemáticos nacionales: “Pobreza: Crisis social y desigualdad en el ingreso. Desnacionalización: Deuda externa, apertura petrolera y privatizaciones”. OBJETIVOS: “Elevar en el corto plazo el nivel y calidad de vida de la población venezolana, por encima del umbral básico, constituido por el conjunto de sus necesidades físicas, sociales, culturales y políticas”. “Contribuir a la reivindicación de nuestra independencia nacional y a la reafirmación de nuestra soberanía”.

Necesario es decir que bajo ese programa alternativo Hugo Chávez logró aglutinar una de las más amplias alianzas patrióticas y populares que haya conocido nuestra historia política, construida desde las bases de nuestro pueblo. Esa alianza fue el Polo Patriótico de 1998.

Compatriotas, los proceso descritos por el propio Chávez, en los textos referidos, fueron las claves para la histórica victoria popular. Es una obligación moral, reivindicar siempre que el Comandante cumplió a cabalidad su compromiso con el pueblo: Lideró una apertura democrática en lo político, social, económico y cultural a través del proceso constituyente, iniciado en 1999.

A partir del año 2004, una vez superado el desconocimiento y la arremetida golpista ocurrida entre 2001 y 2003, Chávez logra consolidar uno de los periodos históricos de mayor crecimiento económico, con inclusión social; con garantías del pleno ejercicio de todos los derechos; con un modelo de producción y distribución de alimentos, que convirtió el flagelo del hambre en una excepción, durante esa primera década de este siglo XXI; con la reivindicación plena de nuestra Independencia política y de la soberanía petrolera y económica y dejó como legado una conciencia de poder en el pueblo, para defender la Patria y seguir el rumbo victorioso de la Revolución.

Por primera vez un líder no traiciona la esperanza de un pueblo. Gracias por eso, Comandante Chávez.

Ahora nos toca a nosotros evitar un retroceso histórico, no podemos permitir que se instale de nuevo la lógica del capitalismo neoliberal entre los venezolanos y venezolanas, que justifique la expoliación de nuestras riquezas nacionales y la exclusión social, política, económica y cultural para las grandes mayorías populares. Eso fue lo que nos demandó Hugo Chávez, el 8 de diciembre de 2012, en su último mensaje público a la Nación:

“No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, del neoliberalismo, para acabar con la Patria. No, no podrán, ante esta circunstancia de nuevas dificultades -del tamaño que fueren- la respuesta de todos y de todas los patriotas, los revolucionarios, los que sentimos a la Patria hasta en las vísceras como diría Augusto Mijares, es unidad, lucha, batalla y victoria”.

Aquel día, Chávez también nos indicó sobre que valores y principios político ideológicos debíamos mantener el camino victorioso, que con él al frente habíamos construido:

 Y en cualquier circunstancia nosotros debemos garantizar la marcha de la Revolución Bolivariana, la marcha victoriosa de esta Revolución, construyendo la democracia nueva, que aquí está ordenada por el pueblo en Constituyente; construyendo la vía venezolana al socialismo, con amplia participación, en amplias libertades”.

Con lealtad a ese rumbo político ideológico, seguimos luchando por el camino de Chávez. ¡Hasta la victoria siempre, Comandante Chávez!

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INVERSIONES SÍ, DESPOJO NO.

 


Elías Jaua Milano.

Los agentes financieros del sistema capitalista global afilan sus garras para caer sobre Venezuela y sus recursos naturales, mientras la burguesía criolla y de maletín, la de todas las horas aciagas de nuestra Patria, se prepara paara comer de las migajas del festín carroñero. El despojo absoluto tiene fecha anunciada, el año 2019.

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La Patria está primero. Venezuela si tiene posibilidad de recuperación económica, sin renunciar a su soberanía.

Solo hay que leer y escuchar a analistas políticos y económicos, nacionales e internacionales, decir que para recuperar “la arruinada y postrada economía venezolana” tenemos que hacer una apertura total en todas las áreas y sin condiciones, es decir eliminar el régimen constitucional en materia petrolera, minera, de las telecomunicaciones y pare Ud. de contar, así como subastar todos nuestros activos.

Hay que abrir las piernas exclaman de manera soez y sin un dejo de dignidad Patria, quienes desde Venezuela les hacen el coro a los buitres financieros. Afirman que hay que modificar la Constitución Bolivariana por estatista; que hay que aceptar las inversiones extranjeras sin ningún tipo de regulación soberana. Lamentablemente ese discurso permea hasta en algunas filas chavistas, lo cual evidencia grados peligrosos de confusión ideológica y de una concepción pragmática del poder, que lo asume como un fin en sí mismo, a costa de lo que sea.

Todos esos sectores y sus corifeos desde ya abren nuevas cuentas en el exterior, para recibir las respectivas comisiones como contraprestación por argumentar, facilitar y consumar el despojo a una Nación sometida a una criminal y sostenida agresión económica y financiera desde el exterior, agravada por el latrocinio cometido por un grupo de funcionarios traidores a Chávez y a nuestro pueblo, en concierto con empresarios corruptos y  corruptores, la mayoría de todos ellos residentes y protegidos en los países cuyas elites políticas y económicas pretenden ocupar nuestras riquezas. Otros y otras todavía campean de manera impune en nuestro país. Cada quien deberá asumir su responsabilidad ante la ley y sobre todo ante la historia.

Compatriotas, no nos dejemos engañar con espejitos con brillo. No es cierto que nuestro marco constitucional, legal y el modelo del Socialismo Bolivariano no permitan las inversiones extranjeras y nacionales. Es aviesa la conseja sobre el imperativo de desmontar el andamiaje constitucional y las leyes fundamentales para la preservación de la soberanía, como única forma de recuperar nuestra economía.

Por supuesto que necesitamos inversiones privadas y nuestro actual marco constitucional y legal lo permite; el Proyecto Nacional Simón Bolívar nunca ha negado su importancia, porque desde siempre hemos comprendido la lógica del mercado capitalista internacional, en el cual nos toca desenvolvernos. Estamos convencidos de que, con algunas decisiones políticas y administrativas, podríamos lograr acuerdos que nos permitan acceso al capital nacional e internacional, sin renunciar a nuestra Independencia, ni a nuestra dignidad nacional.

Compatriotas, Venezuela si tiene posibilidad de recuperación económica desde una perspectiva soberana. Es necesario actuar con premura, pero con firmeza y trasparencia, para lograr romper el cerco diplomático y financiero, como condición para acceder a las fuentes de capital que nos permitan el reimpulso de nuestro aparato productivo y retomar la senda del crecimiento económico, con superación de la pobreza e inclusión social, política y cultural que logramos bajo el liderazgo del Comandante Chávez, en la primera década de este siglo XXI, la primera década de la Revolución Bolivariana.    

En tal sentido, me atrevo a proponer para el debate las siguientes acciones que pueden facilitar, sin ser sometidos a un saqueo de nuestros recursos y activos nacionales, el retorno de la estabilidad política, económica y social en Venezuela, en el mediano plazo:

1. Llegar a un arreglo en materia de la deuda externa de la República y de PDVSA. En tal sentido, es necesario resolver el asunto del funcionamiento la Asamblea Nacional (Poder Legislativo), teniendo como referencia el mecanismo acordado en la mesa de diálogo y negociación, de principios de este año, en República Dominicana; o mediante la convocatoria a la soberanía popular para la elección de un nuevo parlamento.
2. Plena activación de un mercado cambiario entre privados, donde éstos, particulares nacionales y extranjeros, oferten y demanden sus divisas para el funcionamiento de sus empresas, al valor real que genere ese intercambio. Ejerciendo el Estado el papel regulador en los ámbitos que le corresponde.
3. Elaborar y desarrollar un plan de inversión en divisas, por parte del Estado, para la recuperación de la industria petrolera y petroquímica, el sistema eléctrico nacional, el sector agrícola, la agroindustria nacional y la industria siderúrgica, de manera prioritaria para las empresas de propiedad estatal, social y comunal.
4. Convocar a un proceso público y transparente de inversiones, en el marco de lo previsto en nuestra Constitución Bolivariana de 1999, en los artículos 1, de los principios fundamentales; 129, de los derechos ambientales y en el titulo VI, sobre el sistema socio económico, especialmente en los artículos 299, 301, 302 y 303.   Sin en que ningún caso eso implique la privatización del reducido número de activos que posee la Nación, ni la desregulación de la protección ecológica. El sector privado, nacional o internacional, debe fundar, construir o reactivar sus propias empresas en los ámbitos donde deseen invertir, bajo los parámetros mundiales de desarrollo sustentable.
5. El Estado Venezolano debe crear y ejecutar, de manera definitiva, un sistema tributario progresivo para garantizar la justa distribución de la riqueza producida por todos los sectores de la vida económica, garantizando y expandiendo los niveles de igualdad social que habíamos logrado alcanzar, como condición indispensable para la consolidación de una sociedad auténticamente democrática.
6. La clase trabajadora venezolana debe asumir, desde la disciplina consciente, la tarea estratégica de contribuir a la recuperación de la producción nacional, como garantía de la Independencia Nacional y de la viabilidad de nuestra democracia socialista, sin menoscabo de sus derechos laborales fundamentales.
7. El Estado debe iniciar un proceso de desmantelamiento radical de cualquier tipo de mafias que incremente los costos y los precios, dificulte o impida la actividad económica en el territorio nacional.

 

Los actores del sistema capitalista internacional y nacional que con seriedad quieran invertir en Venezuela, inversión que necesitamos para apalancar proyectos productivos y de innovación científico técnica, deben estar consciente que aquí encontraran un pueblo digno, capacitado, con consciencia de la importancia de la soberanía económica para nuestro propio desarrollo. Encontraran un pueblo sabio y libre y un país con una real potencialidad de rápido crecimiento en todas las áreas productivas.

A los buitres del sistema capitalista mundializado tenemos que hacerles saber, que la inmensa mayoría de nosotros los venezolanos y las venezolanas no aceptaremos ser esclavos, ni mendigos de nadie y que no permitiremos el despojo de nuestros recursos y de nuestros activos.

Compatriotas, los que de verdad sentimos y amamos profundamente a nuestra Patria, debemos trabajar por consolidar una sólida unidad nacional que nos permita encarar con dignidad y transparencia los desafíos que nos impone la sistemática agresión extranjera que persigue arrodillar a toda una Nación, ya no solo al gobierno del Presidente Nicolás Maduro, para que aceptemos pasivamente la entrega de nuestra soberanía económica y en consecuencia de nuestra Independencia.

A 20 años de nuestra patriótica victoria, liderada por el Comandante Chávez, el 6 de diciembre de 1998, ratificamos las banderas de lucha contra la desnacionalización, la exclusión social y la corrupción, es decir a favor de la Independencia, la igualdad social, la democracia protagónica y una sociedad productiva y honesta. Bajo esas banderas conformamos una gran alianza patriótica, bajo esas banderas logramos nuestra primera victoria estratégica.

Hoy, es necesario que todos los actores de la dirigencia nacional asumamos que la Patria está primero, y en consecuencia crear las condiciones políticas para que Venezuela emerja digna, soberana, productiva y prospera de las actuales circunstancias. Que así sea.

ELECCIONES OTRA VEZ

Elías Jaua Milano.

Comenzó la campaña para elegir a los concejales y las concejalas en todo el país, en medio de esta gran batalla que estamos librando, como pueblo venezolano, por nuestro derecho a la paz, a la autodeterminación nacional y al ejercicio de la democracia protagónica establecida en nuestra Constitución Bolivariana de 1999.

Esta es la cuarta elección que se realiza desde la instalación de la actual Asamblea Nacional Constituyente. Recordemos aquel segundo trimestre de 2017 cuando, en el contexto de la violencia terrorista que amenazaba con llevarnos a una guerra civil, el compañero Presidente Nicolás Maduro Moros tomó la iniciativa constitucional de convocar al Poder Constituyente para salvar a la República del fratricidio.

El #PuebloSabioYLibre nuevamente el 9 de diciembre ejercerá su derecho a vivir en paz y en democracia.

El 30 de julio de 2017, la voz de millones venezolanos y venezolanas se alzó a favor de la paz, la estabilidad institucional y la ratificación del camino democrático electoral como única forma de decidir el destino de nuestra Patria, objetivos fundamentales de la convocatoria a Constituyente.

Con la próxima elección municipal del 9 de diciembre de 2018, se cumple todo el cronograma electoral que había sido alterado producto de la desestabilización política e institucional generada por las acciones inconstitucionales, ejecutadas por la mayoría parlamentaria opositora, desde el Poder Legislativo Nacional.

Pero más allá de este breve recuento histórico acerca de cómo hemos ido retomando el camino pacifico, democrático y electoral, considero necesario destacar el papel positivo que pueden cumplir las y los miembros de esta histórica institución, el Cabildo o Concejo Municipal, en pro de la construcción de nuevas relaciones de vida comunitaria, en medio de las dificultades actuales.

El Municipio es la unidad política primaria de la organización nacional, así lo establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo 168, en tanto que es en las comunidades que integran esa unidad político territorial donde se desarrolla la vida cotidiana del pueblo venezolano.

Por lo tanto, si queremos promover la emergencia de una sociedad auténticamente humana, una sociedad socialista, es allí en el territorio de lo concreto donde se debe fundar las bases de esa nueva sociedad, es allí donde el pueblo debe construir las condiciones para vivir una vida humanamente gratificante, una vida bien vivida, como lo concibió nuestro Comandante Chávez.

Más allá de la discusión sobre su pertinencia o no, los Concejos Municipales están consagrados en el artículo 175 de nuestra Constitución Bolivariana de 1999 y por lo tanto sus miembros deben ser elegidos o elegidas por el pueblo. Aprovechemos la ocasión de esta campaña electoral municipal, para dimensionar la función de estas servidoras y de estos servidores públicos.

En tal sentido, me atrevo hacer las siguientes recomendaciones a los actuales candidatos y candidatas a las concejalías, sobre cuál debe ser el rol que deben jugar en este momento histórico:

1. Promover la emergencia del gobierno directo en las comunidades, a través de la conformación de las Comunas, como única manera de poder construir desde cada calle, cada barrio, cada urbanización las soluciones que faciliten la vida cotidiana y permitan el ejercicio protagónico del Poder Popular en los asuntos comunitarios.

2. Facilitar los procedimientos administrativos y organizativos para que las alcaldías cumplan su función básica de mantenimiento, limpieza, alumbrado y seguridad de calles, plazas, mercados, terminales, instituciones educativas, cementerios, parques, balnearios y otros espacios públicos permitiendo así que el pueblo pueda ejercer sus derechos al hábitat, al libre tránsito, a la recreación, al trabajo, al estudio, en fin, a la Ciudad.

3. Promover una cultura de la convivencia pacífica en la comunidad y en la familia, dedicando esfuerzos especialmente a las políticas de prevención contra toda forma de violencia contra la Mujer, los niños y las niñas. Garantizando los sistemas de protección oportunos y adecuados para ellas y ellos.

4. Promover las políticas preventivas contra el uso indebido de las drogas y gestionar los servicios de salud para el tratamiento de cualquier tipo de adicción y a las víctimas de la violencia.

5. Estimular y acompañar la organización de las comunidades para la producción de alimentos y otros bienes esenciales y orientar acerca de los mecanismos de apoyo y financiamiento que el Gobierno Bolivariano ha creado para tal fin.

6. Activar la contraloría social, junto al pueblo organizado, para garantizar la correcta distribución y funcionamiento de los servicios de agua, gas, electricidad, recolección de desechos sólidos y transporte.

7. Promocionar el patrimonio histórico cultural y religioso del municipio; la práctica deportiva; la sana recreación; la cultura del trabajo productivo y la honestidad. En fin, impulsar una nueva espiritualidad que nos permita reconstituir los tejidos de nuestra unidad nacional.

Futuros concejales y futuras concejalas, más allá de las funciones legislativas, de administración y control que están obligados a cumplir según el mandato constitucional, Uds. deben ser promotores y promotoras, desde abajo, de un nuevo modo de vida democrático, solidario, comunitario, socialista.

A mis camaradas de nuestro Partido Socialista Unido de Venezuela y del Gran Polo Patriótico, vaya nuestro reconocimiento por el coraje de asumir la defensa de las banderas de la Revolución Bolivariana en medio de la compleja situación económica y social. No se olviden de hablarle al pueblo de los problemas de la vida cotidiana y como junto a él podemos construir soluciones.

Nuestro pueblo necesita saber que sus dirigentes tienen conciencia de las dificultades que todos los días atraviesa la familia venezolana; demanda ser acompañado en su lucha diaria; quiere que escuchen sus propuestas para corregir errores y construir soluciones. Somos partes de un pueblo sabio y libre, confiemos en nosotros mismos.

Vamos pues candidatos y candidatas de la Revolución, vamos por el camino de Chávez a construir Poder Popular para despejar el horizonte de Venezuela. Así será.

 

LA HISTORIA NOS COMPROMETE

Elías Jaua Milano.

El próximo 21 de noviembre de este año 2018, se cumplen 61 años de la rebeldía de los estudiantes venezolanos contra la dictadura oligárquica y militar del General Marcos Pérez Jiménez. Esa acción revolucionaria del 21 de noviembre de 1957 fue el inicio del proceso de la caída del régimen dictatorial pro imperialista, que finalmente colapsó ante la presión popular y de los militares patriotas el 23 de enero de 1958.

Se correspondía ese accionar estudiantil con la trayectoria histórica de lucha por la Independencia, la democracia y la igualdad social de la juventud revolucionaria venezolana. Como correspondió también, la insurgencia armada que los y las jóvenes, protagonistas de aquella jornada de noviembre de 1957, tuvieron que asumir contra la traición a esas banderas. Traición perpetrada a través de la firma y la instauración autoritaria del llamado Pacto de Punto Fijo, pacto de élites que entregó nuestra soberanía, conculcó la naciente democracia y profundizó la desigualdad social. De esa historia abrevamos los y las jóvenes estudiantes de los 80 y los 90.

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Marcha de estudiantes y trabajadores en 1991.” La historia del movimiento estudiantil nos compromete a seguir luchando”.

La primera vez que salimos a la calle a protestar fue en 1982, en Higuerote, Barlovento, contra la construcción del llenadero de combustible de PDVSA, en Carenero, obra que ocasionó un negativo impacto ambiental que además afectó el hermoso paisajismo de la costa del Cabo Codera. El pueblo pedía que se tomara en cuenta su opinión. Nunca se nos escuchó y se construyó y punto. Y la pregunta entre la juventud liceísta de nuestro pueblo quedó en nuestras mentes y corazones.

¿Cuál es la democracia?

Al poco tiempo, 1983, por razones familiares nos mudamos a Maracay, Estado Aragua. Aquella ciudad llena de núcleos universitarios de la UCV, UC, Pedagógico, fábricas textiles y cuarteles militares era un hervidero revolucionario que hizo ebullición el 19 de septiembre de 1984, cuando en el peaje de Tazón varios autobuses repletos de estudiantes de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UCV, se dirigían a Caracas en demanda de mayor presupuesto para las universidades, fueron ametrallados por la Guardia Nacional por ordenes del entonces Ministro del Interior Octavio Lepage. El saldo, más de 35 estudiantes heridos, algunos y algunas quedaron con graves lesiones de por vida.

Las protestas fueron generalizadas en Maracay y en varias partes del país, los y las liceístas maracayeros nos sumamos con indignación. En ese contexto, muchos decidimos iniciar nuestra militancia revolucionaria. Nuestra generación comprendió a balazos que en Venezuela no había ninguna democracia y que la primera batalla que teníamos que librar era por el derecho a protestar, a participar y a ser escuchados.

A partir de allí se inició un periodo de intensa lucha, pero también de un sistemático ejercicio de la violencia del Estado contra la organización popular. La Masacre de Yumare, Yaracuy, cometida contra un grupo de estudiantes y campesinos, en 1986; la brutal represión contra la rebelión de la Ciudad Mérida, conocida como Marzo Merideño, 1987; La Masacre de El Amparo, Estado Apure, en 1988, contra un grupo de pescadores que luego intentaron presentar como un grupo armado colombiano.

Esta violencia generalizada nos llevó a asumir entonces, la bandera de la lucha por la garantía de los derechos humanos, empezando por el derecho a la vida.

Aquella serie de masacres, que había iniciado en ese periodo de la historia del puntofijismo con la Masacre de Cantaura, Anzoátegui, en 1982, fueron lamentablemente el preludio de la brutal masacre que se ejecutaría en Febrero y Marzo de 1989 contra el pueblo Venezolano, por parte del recién reelecto Presidente Carlos Andrés Pérez. Ya para ese año 1989 vivía Yo en Caracas, cursando mis estudios universitarios.

Un pueblo harto de la reducción de sus derechos fundamentales a la educación, la salud, a la estabilidad laboral y salarial, a la alimentación. Un pueblo asqueado de la grosera desigualdad social generada por el enriquecimiento ilícito, a través de los más variados sistemas de corrupción. Un pueblo que hasta ese momento había observado pasivamente el sacrificio de sus estudiantes hizo estallar en mil pedazos, el 27 de febrero de 1989, la vitrina de la conciliación democrática de clases que el Pacto de Punto Fijo reflejaba ante el mundo, cuando en verdad era un modelo sustentado en la alienación mediática, el clientelismo y métodos sofisticados de exclusión y represión.

Pero el modelo populista autoritario, siempre tiene patas cortas, y en especial cuando no puede mantener los mecanismos clientelares que le sostienen. Es allí donde los gobiernos elitistas apelan a los mecanismos masivos de represión, como fue la masacre cometida en 1989.

La repuesta criminal frente a la rebelión popular, dejó un saldo registrado de cerca de 400 asesinados, miles de heridos y decenas de desaparecidos. El movimiento estudiantil revolucionario rindió de nuevo, con vida de compañeros y compañeras, su tributo al pueblo al que pertenece.

Nos tocó a los y las estudiantes asumir la denuncia nacional e internacional de la masacre, hasta lograr que el gobierno reconociera la fosa común, La Peste, en el Cementerio General del Sur, donde había echado a los y las centenares de compatriotas asesinados y asesinadas. Acompañamos el proceso de exhumación de los cadáveres y de la verdad.

El gobierno de Pérez no se detuvo, a sangre y fuego continuó aplicando el paquete neoliberal. Los y las estudiantes seguimos en la calle, pero ya no estábamos solos. Los trabajadores y trabajadoras marchando en lucha por sus salarios, contra los despidos masivos y contra la privatización de las empresas del Estado; los y las campesinas se alzaban en resistencia contra el atropello de los terratenientes; los pobladores de los barrios se organizaban y luchaban por agua, servicios públicos en general y contra la generalizada ejecución extrajudicial contra los y las jóvenes del Barrio.

Ni cárcel, ni balas, ni asesinatos detuvo la rebelión que todos los días el pueblo venezolano protagonizó en aquellos primeros años de los 90. Rebelión contra la exclusión del pacto de las elites empresariales, partidistas, sindicales, militares y eclesiaticas.

La Semana del Estudiante de noviembre de 1991, fue una semana triste. El día 14 aquel mes, de ese año, el dirigente liceísta del Andrés Bello, Jimmy Hernández fue asesinado en la puerta de ese liceo. Ese crimen desató una verdadera insurrección de liceístas en toda Caracas. El 19 de noviembre, en Caricuao y Macarao el pueblo se sumó masivamente y el gobierno se desesperó, temiendo un nuevo Caracazo, ordenando disparar a mansalva. El resultado, tres jóvenes asesinados, dos liceístas y un soldado del Ejército venezolano que salió en defensa de aquellos compañeros estudiantes.

El 21 de noviembre de 1991, Día del Estudiante, fuimos a darles cristiana sepultura. Coincidimos con dolor y rabia, en el Cementerio General del Sur, los y las estudiantes de Caracas con los soldados del Batallón de Cazadores Genaro Vázquez del Ejército Nacional, con su Comandante Ortiz Contreras al frente, ya para entonces miembro del Movimiento Bolivariano 200.

20 años más tarde, el 21 de noviembre de 2011, el Comandante Chávez me contó que aquel día vio, en una breve noticia trasmitida por una canal de televisión privado, la imagen de la sepultura de los estudiantes y el soldado asesinados por la Policía Metropolitana. Y con lágrimas en los ojos, me narró lo que pensó: “Hoy, soldados y estudiantes se unen en el entierro de sus muertos, en algunas semanas estaremos unidos en la lucha”.

Así fue, a partir del 4 de febrero de 1992 la mayoría de la generación de estudiantes a la que pertenezco se incorporó a la lucha por la liberación de los oficiales militares rebeldes del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 y paulatinamente asumimos el liderazgo del Comandante Chávez, en el camino hacia la victoria popular del 6 de diciembre de 1998. Victoria que conquistamos bajo las banderas enarboladas por generaciones y generaciones de estudiantes venezolanos y venezolanas: Independencia política, soberanía económica, igualdad social, lucha contra la corrupción, democracia popular y respeto a los derechos humanos. Banderas que el Comandante Chávez enarboló con honestidad y valentía y por eso lo acompañamos hasta siempre.

Todas las banderas de lucha de los y las estudiantes de las décadas de los 80 y 90 quedaron plasmadas y aprobadas por el pueblo en nuestra Constitución Bolivariana de 1999 y fueron desarrolladas a plenitud a lo largo de la primera década de este siglo XXI.

Esta historia nos compromete a seguir luchando y mostrar a la juventud venezolana del presente que si vale la pena luchar, que siempre valdrá la pena luchar por Venezuela, nuestra Patria, por nuestros derechos como pueblo.

A la juventud revolucionaria y chavista la alentamos a seguir perseverando en la transformación democrática de la sociedad, a construir desde el presente un buen porvenir para la Patria, como nos orientó Chávez, por la vía venezolana al socialismo, en democracia, con amplia participación popular, en amplias libertades.

¡Honor y gloria al histórico, patriótico y revolucionario movimiento estudiantil de Venezuela!. ¡Por nuestros mártires, ni un minuto de silencio, toda nuestra vida en combate!

Estados Unidos. La rebelión de las excluidas.

Elías Jaua Milano.


 

Buenos aires nos llegan desde el Norte. Los resultados de las elecciones parlamentarias, llamadas de medio término, en Estados Unidos de América, además de significar una contención al avance del fundamentalismo neoconservador que encarna Donald Trump, también expresan el anhelo creciente de cada vez más sectores de la población norteamericana, especialmente jóvenes, de ver florecer una verdadera democracia en ese país.

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Alexandria Ocasio-Cortez,  representante de Nueva York, jóven mujer de origen puertoriqueño, habitante de El Bronx ícono de la corriente democrata socialista.

Mujeres, afrodescendientes, indígenas, latinas, musulmanas, obreras, socialistas y LGBTI ocupan un número significativo de puestos en la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense, espacio político hasta ahora reservado, casi de manera exclusiva para las tradicionales castas políticas y los grupos de lobbies.

La mayoría de estas nuevas congresistas, y también de hombres congresistas, se inscribe dentro de la tendencia Socialista Democrática motivada por el Senador Bernie Sanders al interior del Partido Demócrata, o forman parte de organizaciones locales en sus respectivos Estados.

Esta rebelión de los electores y electoras en un número importante de los Estados de la Unión, es un golpe en el hígado al supremacismo blanco y machista de la élite imperial.

Llegan al Congreso norteamericano, estás fuerzas insurgentes, desde el alma profunda de la sociedad norteamericana logrando romper los sistemas culturales y políticos totalitarios que les impusieron a lo largo de un siglo, mediante la máxima alienación mediática y por un Estado de control policial y judicial asfixiante.

Los resultados electorales del pasado martes demuestran que las banderas por la igualdad social, por una auténtica democracia, por los derechos económicos de las mayorías y por el reconocimiento a la diversidad étnica, cultural, religiosa y sexual no pueden ser aplastadas para siempre por los sistemas de control político cultural, cuales quiera que estos sean.

En estos tiempos de las redes sociales de comunicación, la información y la propaganda fluye más rápido que la capacidad de las burocracias políticas para procesarlas. Ni siquiera los estudios de Big Data son capaces de dar todas las herramientas para contener el ímpetu democratizador de una generación de vanguardia, en todo el mundo, que ha aprendido a burlar la alienación generando sus propios contenidos, su propia estética como expresión de una ética de la diversidad.

Accidentes históricos como la elección de Trump en su momento y recientemente de Bolsonaro en Brasil, producto del hastío por las “clases políticas”, de derecha o de izquierda, serán revertidos en el corto plazo por una tendencia creciente e irreversible en el seno de las sociedades contemporáneas a favor de la pluralidad.      

El martes 6 de noviembre de 2018, el pueblo norteamericano ha dado un pequeño primer paso, pero victorioso, hacia la recuperación de su libertad y del reconocimiento a la diversidad que conforma esa sociedad. Ahora está la responsabilidad de ese nuevo liderazgo parlamentario de ser consecuente con el mandato de sus electores y electoras y vacunarse contra la cooptación que el sistema de lobbies intentara hacer con ellas y ellos.

En Venezuela, nos toca seguir perseverando en la defensa y ampliación de los espacios de participación democrática y protagonismo popular; de pluralismo político, social, étnico y cultural; de igualdad social y económica que consagramos en nuestra Constitución Bolivariana de 1999 y que hemos venido construyendo, con grandes avances, a ratos con retrocesos, a lo largo de dos décadas en medio de una guerra sin cuartel de las oligarquías y del imperialismo contra la Revolución Bolivariana.

En fin, cualesquiera sean las circunstancias, es nuestro deber seguir impulsando desde abajo, pasito a pasito, la consolidación de la democracia revolucionaria, de la democracia socialista, con amplia participación, en amplias libertades, como nos los orientó siempre el Comandante Chávez.        

   

ANTÍDOTOS CONTRA EL FASCISMO

Elías Jaua Milano.


 

Frente a los resultados electorales del pasado domingo 28 de octubre de 2018, en Brasil, comienzan los lamentos, las alarmas y en algunos casos hasta el regocijo intelectual porque la tesis del “Fin de Ciclo progresista” se está cumpliendo de manera inexorable.

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Por el camino de Chávez, transitamos hacia el socialismo y será por ese y no por otro camino que Venceremos.

Nos negamos a sumarnos a ese coro lastimero, por el contrario nos obligamos a seguir luchando, aquí en Venezuela, por aplicar a tiempo los antídotos que nos inmunicen para siempre contra el flagelo del totalitarismo cultural, étnico, religioso, político, económico y social. Conocida las causas de la enfermedad, apliquemos el recetario que nos da la Historia:

1. Confiar en el pueblo y en sus poderes creadores.
2. Gobernar con el pueblo, de manera democrática y honesta, para todo el pueblo.
3. Escuchar con humildad las críticas y las demandas de rectificación que hace el pueblo. Y rectificar a tiempo para garantizar la mayor suma de transparencia administrativa, estabilidad política y prosperidad económica y social.
4. Promover una cultura del reconocimiento y el tratamiento democrático de las diferencias políticas, culturales y sociales en el seno del pueblo.
5. Convocar permanentemente a la reunificación del pueblo en torno a los principios y al programa de la democracia revolucionaria.
6. Profundizar los espacios de participación y protagonismo popular en la toma de decisiones.
7. Y como decía el CHE “No confiar en el imperialismo, ni un tantito así”. Preservar en cualquier circunstancia nuestra soberanía política y económica.

Además de estos antídotos para conjurar los proyectos de exclusión social y cultural que nos intentan imponer, se requiere de un tratamiento permanente: Educación para la identidad y convivencia democrática, cultura del trabajo productivo y facilitar la emergencia del Poder Popular.

En fin, sigamos por el camino de Chávez: democracia socialista, protagonismo popular, todos los derechos para todo el pueblo y escuchar al pueblo, siempre escuchar al pueblo.

EL PUEBLO TIENE DERECHOS

Elías Jaua Milano.

El modelo económico imperante en Venezuela es el capitalismo, así lo diagnosticó el Comandante Hugo Chávez en la presentación del Plan de la Patria del año 2012, con claridad y contundencia:

“No nos llamemos a engaño: la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista”.

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La clase trabajadora tiene derecho a la protesta legal y pacífica frente a la agudización del conflicto de clases.

Ese diagnóstico está hoy más vigente que nunca, las relaciones sociales de producción capitalistas en Venezuela se han profundizado y expandido en medio de la conflictividad política desatada por la contrarrevolución contra el Gobierno Bolivariano.  La especulación en todos los niveles, la precarización de las relaciones laborales, la informalización del comercio interno, el contrabando de extracción son apenas los indicadores más visibles de la respuesta que los antiguos y los nuevos propietarios de grandes medios de producción (“Burguesía”, según la definición de la teoría de clases) han asumido frente a la disminución del ingreso proveniente de la renta petrolera. 

La imposición de mecanismos económicos salvajes ha sido el accionar para, en medio del conflicto político, seguir incrementando el enriquecimiento, la mayor de las veces ilícito, por parte de muchos de los tradicionales y de los emergentes burgueses.    

Este conflicto latente no se resuelve cancelando la discusión sobre el tema, en tanto que no solo es un debate ideológico. La agudización de las contradicciones sociales que va generando la imposición de esa perversa dinámica en nuestra economía son una dura realidad para la inmensa mayoría de la población. Contradicciones frente a las cuales, el pueblo trabajador tiene derecho a defenderse con los mecanismos legales y de protesta pacífica previstos en nuestra Constitución Bolivariana de 1999 y en la Ley del Trabajo del año 2012.

Me motiva a escribir sobre este tema, la cantidad de denuncias que recibo de trabajadores y trabajadoras de empresas privadas, incluso algunas de estas intervenidas temporalmente por el Gobierno, así como de empresas e instituciones públicas. Las denuncias evidencian como se está expresando el conflicto de clases al interior de algunas industrias:  disminución sin justificación de la producción o acaparamiento de la misma; formas ilegales de distribución; violación de derechos esenciales; acoso laboral y político por parte de organismos de seguridad del Estado en connivencia con la patronal e indefensión por la omisión del sistema de protección laboral, o por el desacato a las decisiones de estos.

Al respecto quiero dejar claro que hoy más que nunca se requiere de la disciplina laboral consciente y legal, en todos los sectores de la producción. La clase trabajadora venezolana está obligada a realizar una profunda revisión crítica de su papel en el necesario incremento de la producción de bienes y servicios.  Sin embargo, reconocer los errores cometidos por los trabajadores y trabajadoras no implica que se justifique la violación de derechos laborales y menos la represión ilegal frente al justo reclamo.

Los derechos laborales están plenamente vigentes y los mecanismos de resolución de los conflictos individuales y colectivos de trabajo también.  La dirigencia sindical revolucionaria y los órganos del Estado competentes deben atender, acompañar y responder con valentía a la justa demanda de los trabajadores.

En conclusión, en tanto que el modelo económico hegemónico en Venezuela es el capitalismo, como bien lo identificaba el Comandante Chávez en el año 2012, el Estado está obligado a cumplir su papel de regulación del conflicto Capital-Trabajo y en caso de no cumplirlo los trabajadores y trabajadoras tienen derecho a la denuncia y a la activación de los mecanismos legales de protesta previstos en la legislación.

El Estado tiene que cumplir su papel a través de los órganos competentes en materia laboral, en primera instancia a través de las inspectorías del trabajo. Los funcionarios de seguridad del Estado que cumplen funciones temporales en las empresas intervenidas por el Gobierno, no tienen competencia alguna para actuar en materia laboral y mucho menos de manera coercitiva a favor de los patrones.     

En una Revolución nada justifica la criminalización de la masa trabajadora. La lucha del pueblo trabajador por sus justos derechos frente al capital y a la burocracia autoritaria fortalece al proceso revolucionario. Como lo expresó muchas veces el Comandante Chávez. “El pueblo tiene derecho a interpelar, a demandar, a criticar, a protestar, sin abandonar la Revolución”.

Hoy más que nunca cantamos con fuerza, con Alí Primera: “Aunque diga groserías, el pueblo tiene derechos”.