UN PUNTO DE ENCUENTRO

Elías Jaua Milano

En la medida en que la agresión extranjera se incrementa, motivada por la evidente  desesperación  de los que gobiernan en la Casa Blanca y de los entreguistas de Voluntad Popular y otros, podemos observar cómo el sentimiento de dignidad Patria comienza a manifestarse públicamente desde amplios sectores opositores al gobierno del Presidente Nicolás Maduro y de la tradicional militancia contraria al Chavismo.

La reciente y repudiable incursión armada, con criminales de guerra norteamericanos a la cabeza; el anuncio de la administración Trump de impedir militarmente la llegada de buques provenientes de Irán,  cargados con combustibles para aliviar la actual situación de desabastecimiento de los mismos que afecta a toda la población; la suspensión, producto de las sanciones unilaterales y por tanto ilegales,  del principal servicio de televisión satelital en Venezuela, afectando cerca de 10 millones de personas; la noticia de la confiscación judicial de CITGO, empresa refinadora de combustibles de propiedad venezolana en los Estados Unidos, hoy manejada ilegalmente por el  fallido gobierno paralelo de Juan Guaidó, con el aval del gobierno de Donald Trump; paradójicamente,  están forjando un punto de encuentro de amplios sectores en torno al rechazo a la intervención armada, a las sanciones ilegales y a la pérdida de nuestros activos patrimoniales como Nación.

Cada vez más, con sentimiento patrio, leo, veo y escucho voces opositoras de todos los ámbitos de la vida política, económica, social y cultural deslindándose de la ignominia. Con coraje y valentía,  dirigentes políticos, periodistas, empresarios, académicos, entre otros,  le salen al paso al chantaje de ser señalados como “colaboracionistas del régimen”, cuando en verdad los mueve un auténtico sentimiento de defensa de su Patria, nuestra Patria; del derecho del pueblo a vivir con tranquilidad y de promover  un acuerdo político democrático y transparente.  A ellos y ellas mi reconocimiento como venezolano. 

Para nosotros, los y las chavistas,  estas voces deben motivarnos una reflexión  que nos permita comprender que más allá de la fuerza patriótica, popular, revolucionaria  y democrática que conformamos, hay millones de venezolanos y venezolanas que se oponen al gobierno del Presidente Maduro, pero que no están dispuestos a avalar que la República sea entregada.

Este positivo fenómeno, comprende un desafío. No podemos seguir haciendo política y discurso solo para enfrentar a los sectores extremistas, entreguistas y violentos. Todos los extremistas juntos son una minoría, muy peligrosa eso sí, por eso es necesario hablar y desarrollar acciones que convoquen a las grandes mayorías patrióticas y democráticas, en esta hora crucial para la vida republicana.

Una agresión extranjera como la que estamos sufriendo  es  más difícil de encarar desde una visión sectaria de partido, que si se confronta  desde un auténtico espíritu de unidad nacional, de todos y todas los y las que amamos profundamente a esta Patria y estamos dispuestos a defender su dignidad y a aislar a los violentos ganados para la intervención y subordinación extranjera y encontrar entre venezolanos y venezolanas los mecanismos de regulación soberana,  democrática y pacífica del conflicto político. 

Necesario es elevar el discurso, cada palabra y los modos como se trasmiten los mensajes y como se actúa, son importantes para conectar con las grandes mayorías ganadas para la preservación de  la Independencia y la autodeterminación nacional; de la soberanía petrolera y económica en general y del derecho a vivir en paz como Nación.

Escuchemos esas voces, que desde todos los rincones de una Nación agobiada por los efectos de la confrontación interna y el acoso foráneo, se levantan a favor de la dignidad de Venezuela. En  estos días escuche a una de esas voces decir: “En último término somos responsables de esta República. Nos duele la Patria y mucho”. 

Todavía estamos a tiempo de ponerle freno a la guerra, a la destrucción, a la muerte. En otros tiempos no pudimos, otros pueblos no pudieron.  En cualquier caso, en manos de esta generación de venezolanos y venezolanas no se puede perder la República.  ¡La Patria vencerá!     

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