TAIMA

Elías Jaua Milano

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“A toda costa debemos oponernos a la guerra civil” (Simón Bolívar, carta al General Bartolomé Salom, diciembre 1828).

La humanidad ha sido sorprendida, los contagiados y fallecidos por el COVID-19 crecen exponencialmente en todos los continentes de acuerdo a los registros de la Organización Mundial de la Salud (OMS); más de un 40% de la población mundial está en cuarentena según estimaciones de las agencias de noticias; el Fondo Monetario Internacional (FMI) declara la recesión de la economía mundial, como consecuencia de la caída de la producción y del consumo generada por la casi total paralización de las actividades laborales, especialmente en los países de alto desarrollo industrial. No se  espera una recuperación económica hasta mediados del año 2021.

Para Venezuela, con una economía ya impactada negativamente por el conflicto político interno y la sistemática agresión extranjera, a través de ilegales sanciones económicas y crecientes planes para promover un conflicto armado, la situación que ha generado la pandemia puede ser potencialmente grave, especialmente en el plano económico y social.

Un contexto tan peligroso para la vida de la República, reclama de toda la dirigencia política democrática la conciencia para acordar una taima. Recordemos que la palabra taima es un venezolanismo que expresa la necesidad de cesar temporalmente la realización de un juego deportivo o recreativo, para continuarlo de inmediato una vez superada la emergencia.

El Estado venezolano necesita concentrar todos sus esfuerzos en la contención del virus; en la atención hospitalaria a los contagiados y en paliar los efectos económicos y sociales que genera la necesaria cuarentena social. Distraerlo en defender la estabilidad y la paz frente a los planes, en marcha,  para perpetrar una agresión armada contra la institucionalidad, es por lo menos indolente con el pueblo, que hoy más que nunca necesita del cuido de las autoridades competentes.

El Comandante Chávez siempre me decía, palabras más, palabras menos, “Elías, hay que hablar lo que uno piensa para favorecer al pueblo, aun cuando vaya a contracorriente, siempre habrá alguien que escuche”.

Pensando cómo podría ser ese tiempo que los factores políticos deberíamos tomarnos, mientras se supera la emergencia sanitaria, oyendo las declaraciones del Presidente Nicolás Maduro por un lado y por otro lado la de un excandidato presidencial de la oposición acerca de la necesidad de un acuerdo en la coyuntura causada por la pandemia y leyendo nuestra Constitución, me atrevo a hacer el siguiente planteamiento, de mi exclusiva responsabilidad. 

En tanto que todas las partes de la caotizada Asamblea Nacional están en receso forzoso,  producto de la cuarentena social, se pudiera instalar la Comisión Delegada prevista en el artículo 195 de la Constitución, previo un acuerdo político que permita que dicha Comisión esta vez sea conformada por diputados o diputadas de cada uno de los partidos, movimientos o factores políticos que integran el actual cuerpo legislativo. Una vez instalada, la Comisión Delegada desarrollaría una agenda consensuada en un tiempo determinado.  Algunos puntos que pudiera contener esa agenda son los siguientes:

  1. Acordar una política de Estado, en el ámbito sanitario, económico y social para superar las consecuencias de la pandemia sobre nuestro pueblo.
  2. Desarrollar acciones conjuntas para lograr la liberación de los recursos congelados en instituciones financieras en el extranjero, con la finalidad de destinarlos a un programa de fortalecimiento del sistema de salud y de la recuperación del aparato productivo del país.
  3. Elaborar una política salarial, que restituya el poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras, especialmente en el ámbito de la salud y la educación.
  4. Diseñar, conjuntamente con el Ejecutivo, un plan de siembra para el próximo ciclo que comienza a finales del mes de abril y gestionar a nivel internacional los insumos necesarios para ejecutarlo, a fin de garantizar el abastecimiento de rubros esenciales para el último trimestre de este año.
  5. Promover un debate nacional para acordar una política soberana de recuperación de la producción  petrolera, en el marco de lo previsto en la Constitución.
  6. Diseñar, conjuntamente con el Ejecutivo, una política de recuperación de sectores priorizados tales como el eléctrico, siderúrgico, petroquímico, agroindustrial y de la construcción.
  7. Facilitación de los acuerdos políticos necesarios en materia de las elecciones parlamentarias previstas, que permitan avanzar, desde la emergencia, hacia una administración soberana, democrática y pacífica del conflicto político, siempre en el marco de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela..

Quítele algo, póngale más, llene los vacíos constitucionales. Eso queda ya de parte de los y las que les toca negociar y decidir. Lo importante es que de esta coyuntura se vaya forjando un acuerdo histórico que salve a la República de la imposición de un gobierno de facto, tras una intervención militar extranjera; del despliegue de la violencia narco paramilitar colombiana en nuestra Patria; de una guerra fratricida o de la combinación al mismo tiempo de todos estos flagelos, en medio de una pandemia que hasta los momentos está fuera de control en el mundo entero.

Es nuestra responsabilidad ante la historia como dirigentes políticos, cumplir con el obstinado empeño de nuestro Libertador, en sus últimos años de vida, de evitarle una nueva guerra civil a Venezuela. Hasta un niño y una niña saben cuándo es tiempo de parar, para luego continuar el juego en mejores condiciones.

Esta propuesta no nace de ningún temor personal, se lo aclaro a bravucones y bravuconas del twitter, siempre he asumido mis responsabilidades como revolucionario y así lo hare en cualquier circunstancia, aquí donde estoy, en mi suelo patrio. Me preocupa que se agraven los dolores del pueblo sufriente, me importa la existencia de Venezuela como República independiente y democrática. ¡La Patria está primero! 

CHÁVEZ DE LA A A LA Z. LA SOLIDARIDAD Y EL BIEN COMÚN

Elías Jaua Milano

En medio de esta necesaria cuarentena social para contener la pandemia del Coronavirus 19, continuamos la serie de artículos sobre la coherencia del accionar ideológico y político del Comandante Hugo Chávez. El tema seleccionado se corresponde con los valores que más necesitamos en estos momentos para prevenir este virus, la solidaridad y la conciencia del deber social y del bien común.

Hoy más que nunca nos necesitamos los unos a los otros y a las otras; hoy más que nunca necesitamos cuidar la vida en común, para salvar la propia vida; hoy más que nunca se hace palpable la interdependencia para garantizar la existencia humana. Hoy más que nunca comprendemos las razones de Chávez:  

“La democracia popular bolivariana nacerá en las comunidades, y su savia benefactora se extenderá por todo el cuerpo social de la Nación para nutrirlo con su vigor igualitario, libertario y solidario (…) Será el nuevo tiempo venezolano”. Documento: Libro Azul. Hugo Chávez. 1990.

“Fomentar valores como la solidaridad, la dignidad, el trabajo, el patriotismo, la honestidad, el amor a la naturaleza, el pensamiento crítico, la democracia real y participativa y la lucha por la justicia social”. Documento: La Propuesta de Hugo Chávez para transformar a Venezuela. 1998.

“Lo social, un nuevo concepto de solidaridad social. Decía Simón Rodríguez -y vuelvo a la idea, porque la idea debe estar sembrada a lo largo y ancho del texto constitucional- “que tenemos que existir para entreayudarnos los unos a los otros (….)  La mentalidad republicana no es otra que el pensamiento y la acción en función de la cosa pública, en función de la República, en función del colectivo, en función de los demás, en función del interés de la nación antes que el interés individual”. Documento: Discurso del Comandante Hugo Chávez ante la Asamblea Nacional Constituyente. 5 de agosto de 1999

“Anteponer la comunidad, el poder comunal, los consejos comunales a los individuos, al interés individual. El capitalismo es al revés, antepone el interés individual a la comunidad, la comunidad no tiene sentido y no sólo lo antepone, el capitalismo termina destrozando la comunidad, la vida de la comunidad, la existencia misma de la comunidad”. Documento: Intervención en entrega de créditos a Bancos Comunitarios. Hugo Chávez. 2007.

“El  primer frente de batalla a trabajar en la Comuna en construcción es el moral, y eso pudiéramos resumirlo en una frase: la conciencia del deber social, la conciencia del deber social. Y si queremos decirlo con Cristo: “Amaos los unos a los otros”. El amor social, no el egoísmo; los códigos morales, los códigos y los principios de la vida y los principios del socialismo. Lo moral, decía Bolívar, “moral y luces [son] nuestras primeras necesidades”. Documento: Aló Teórico I. Hugo Chávez. Junio de 2009.

“Lo espiritual, lo ético, las bases espirituales del socialismo ¿cuál es la más grande base espiritual del socialismo? El amor, por eso es que yo cristiano como soy digo, siempre lo he creído, que el verdadero cristianismo es el mismo proyecto originario del socialismo y que Cristo nuestro señor fue, así lo digo y lo creo, lo creo y lo digo, uno de los más grandes socialistas de nuestra historia, él vino aquí a esta tierra a pregonar el amor “amaos los unos a los otros” y eso sólo es posible en el socialismo, el capitalismo siembra odio, en el capitalismo impera el odio”. Documento: Presentación del Plan de la Patria. 11 de junio de 2012.

Sin lugar a dudas que los valores del amor, la espiritualidad, la solidaridad, la comunidad, la moral entendida como conciencia del deber social transversalizan el pensar y la obra de Hugo Chávez. Para él era claro que sin una transformación de la subjetividad colectiva, de poco valdrían los cambios en las condiciones materiales de existencia. Tenía razón, sin una nueva cultura del bien común, todo proceso de transformación material puede retrogradar en meses, lo que se pudo avanzar en años, sino se produce una transformación cultural.

Es por ello que Chávez siempre clamó por una revolución del espíritu colectivo.  Leamos esta reflexión, en el marco por cierto de la epidemia de gripe AH1N1 que se propagó por entonces, que hiciera en aquel Aló Teórico del año 2009, arriba citado:  “Lo espiritual, hay que trabajar eso bastante, eh, porque nosotros más allá o más acá estamos infectados, no de la gripe A –que Dios nos cuide a todos y que se recuperen pronto todas estas personas; estaremos ahí respondiendo por ellos y con ellos–, nosotros estamos infectados de los valores viejos, del egoísmo, del capitalismo, de la fragmentación de la sociedad, nos envenenaron, pues, desde niños. Vamos por ese veneno y vamos a hacernos como un exorcismo y vamos hacer praxis social”.

En estas horas están más vigentes que nunca aquellas reflexiones. Hoy en medio de la actual pandemia, la solidaridad humana expresada en millones de gestos a lo largo del mundo confrontan con el veneno de la especulación desatada con los insumos para prevenir el virus (aquí en Venezuela, Farmatodo se ha convertido en un paradigma de la avaricia capitalista),  el oportunismo político, la manipulación mediática y la mezquindad del capitalismo, entre tantos otros venenos que hoy drenan en medio de esta tragedia mundial.

En contrario, las virtudes humanas hoy son reivindicadas por los y las profesionales de la salud que no descansan, por los músicos y músicas en los balcones de las ciudades europeas, por los poetas que nos llenan de letras de esperanzas, por nuestras lideresas comunales que en los barrios de Venezuela  elaboran mascarillas para distribuirlas entre sus vecinos y vecinas, por los hombres y mujeres que simplemente van a hacerle las compras a los adultos mayores de la comunidad donde viven, o comparten su despensa con la familia que nos los tiene. Esos somos los seres humanos.

Es tiempo de construir una sociedad donde, como reza el preámbulo de nuestra Constitución Bolivariana de 1999, se consoliden los valores de la solidaridad y el bien común. Es tiempo de humanidad.  Esta también la contaremos, compatriotas. Mucha fuerza y conciencia. Un abrazo. Con Dios todo.

CHÁVEZ DE LA A A LA Z. II INDEPENDENCIA Y SOBERANÍA PETROLERA

Elías Jaua Milano

Hoy continuamos con la serie de artículos sobre el pensamiento y la obra de Hugo Chávez en temas que constituyen los fundamentos programáticos de la Revolución Bolivariana.  En este escrito utilizaremos fuentes textuales para conocer la coherencia del Comandante, desde la A hasta la Z, en defender la tesis de que sin soberanía petrolera no es posible la independencia política de Venezuela ni la construcción de una sociedad basada en la igualdad social. Leamos a Chávez: 

“Es necesario revertir el proceso de desnacionalización de la industria petrolera, impulsado vigorosamente por las cúpulas políticas y económicas aliadas con las empresas transnacionales, a través de la llamada “apertura petrolera”. La propiedad y el control de la industria deben estar en manos del Estado y la nación venezolana. Documento: Agenda Alternativa Bolivariana. 1996.

“El Estado mantendrá la propiedad de sus dos más importantes empresas energéticas, Petróleos de Venezuela y Electrificación del Caroní y privilegiará la estabilidad y formación de sus trabajadores”. Documento: La Propuesta de Hugo Chávez para transformar a Venezuela. 1998.  

“Lo último que hemos comenzando a hacer, es que hemos intervenido el cerebro de Pdvsa que estaba privatizado y hoy lo estamos nacionalizando: el cerebro de Petróleos de Venezuela. El área en donde el sabotaje de Pdvsa hizo más daño o a través del cual los terroristas le han hecho más daño a Venezuela ha sido precisamente el área de la informática, porque Pdvsa cuando estaban mandando aquí estos fascistas, cuando aquí mandaba el Pacto de Punto Fijo habían comenzado a privatizar Petróleos de Venezuela y eso es lo que ellos quieren hacer, ellos quisieran volver aquí a instalarse en el Gobierno para aplicar el modelo neoliberal, para privatizar no sólo al petróleo, el hierro, el oro y el aluminio”. Discurso de la victoria sobre el golpe petrolero. Hugo Chávez. 23 de enero de 2003. 

“Los venezolanos no teníamos hasta hoy acceso al control operacional de nuestro petróleo superpesado y todo el proceso de mejoramiento, del cual dependerá este siglo y el próximo desde el punto de vista del poder nacional para el desarrollo integral del país (…) Todo eso se acabó, y esos recursos seguirán fortaleciendo el poder económico de la nación, y el petróleo de la Faja del Orinoco, totalmente nuestro, porque ni siquiera el petróleo era nuestro. En fin, todo esto fortalece el poder nacional, el proyecto nacional, la estrategia nacional”. Documento: Discurso de Nacionalización de la Faja del Orinoco. Hugo Chávez. 1 de Mayo de 2007.

“En la Faja del Orinoco, las transnacionales no pagaban ni siquiera Impuesto Sobre la Renta, todo lo contrario, Pdvsa  tenía que pagarle en dólares lo que ellos invertían, imagínate tú; ahora nosotros en la Ley le clavamos el Impuesto Sobre la Renta petrolera ya no de 30 por ciento, no, ¡50 por ciento el Impuesto Sobre la Renta petrolera! ¿Se dan cuenta lo que significa ser independiente?  

Ahora, todas esas medidas, de los impuestos nuevos y justos, nosotros establecimos también que Pdvsa en las Empresas Mixtas no debe tener menos del  51 por ciento, porque ellos habían entregado las empresas, Pdvsa era minoría. Venezuela había entregado ya prácticamente un millón de barriles diarios a las trasnacionales, que ya no dependían de Pdvsa y ellos hacían con eso lo que les daba la gana, hoy no, hoy Pdvsa ejerce el control de toda la actividad petrolera que se realice en territorio venezolano.

Hay varios centros de gravedad, pero uno de los de mayor peso, si no, el de mayor peso es la batalla por el control petrolero venezolano, el control del recurso petrolero, de la riqueza del pueblo.

Bueno ellos plantean el control del petróleo por un ente distinto al Gobierno, es decir, la privatización (….) Por eso aquí hay dos propuestas que son, bueno son antípodas, la nuestra es la de la Patria y la del majunchismo es la contra patria, la anti patria, la no-patria y ese proyecto de la no-patria será barrido por el proyecto patriótico revolucionario y bolivariano.

Vístanse como se vistan, digan lo que digan y hagan lo que hagan, el control de la industria petrolera, ese es uno de los centros de gravedad de mayor peso en esta batalla”. Documento: Discurso de Presentación del Plan de la Patria. Hugo Chávez. 11 de Junio de 2012.

Es poco lo que se puede agregar a la visión y al balance de la batalla por el petróleo expresada públicamente por Hugo Chávez a lo largo más de una década. Solo me atrevo a concluir afirmando, si perdemos o cedemos el control soberano sobre los yacimientos, la explotación y el mejoramiento de los hidrocarburos, estaríamos comprometiendo la Independencia y la posibilidad de construir una sociedad donde podamos vivir todos y todas con igualdad justicia y dignidad.

La cuestión petrolera es un tema muy sensible para los revolucionarios y revolucionarias, para los y las chavistas y más allá para todos los y las patriotas. Cualquier variación en la orientación estratégica de nuestra política petrolera debería pasar por el más amplio y transparente debate en el seno de la sociedad venezolana, en el marco de los artículos 302 y 303 de la vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

CHÁVEZ DE LA A A LA Z. DEMOCRACIA ECONÓMICA E IGUALDAD SOCIAL

Elías Jaua Milano

Inicia el mes de marzo del año 2020, se cumplen 7 años de la partida física de nuestro Comandante Chávez.  Con el pasar del tiempo las ideas de los grandes líderes fundacionales se van olvidando, tergiversando y mal utilizando de manera interesada para justificar tesis contrarias. Así ha ocurrido siempre, así ocurre ahora.

Como homenaje a Hugo Chávez y a su pensamiento, escribiré este mes una serie de artículos para recordar los fundamentos programáticos de la Revolución Bolivariana, que Chávez cimentó, recreó o asumió de las corrientes democráticas populares, por los cuales, al menos yo, me hice Chavista “hasta que la mar se seque”.

Hoy refrescaremos con citas textuales la concepción de superación de la pobreza y el logro de la igualdad social como fin último del modelo político y económico del proyecto bolivariano:

“Los gobiernos y partidos populistas predican la participación con el concepto de propina, de tal forma que la condenan a ser fin de sí misma, impidiendo a la sociedad civil intervenir en la toma de decisiones políticas (..) Nuestros pueblos han sido condenados a ‘participar’ en su propia destrucción, en el manejo de la miseria creciente”. Documento: Libro Azul. Hugo Chávez, 1991.

“Formular un conjunto de medidas económicas cuyo objetivo sea reducir drásticamente los niveles de pobreza (…) para ello se requiere: reducir el costo de la vida, lograr niveles adecuados de autoabastecimiento, activar el equilibrio evolutivo entre precios y salarios, formas de cooperación y autogestión hacia un nuevo modelo de economía solidaria”. Documento: ¿Y cómo salir de este laberinto? Hugo Chávez. Comandante del MBR 200. Cárcel del Cuartel San Carlos. Julio de 1992.

“Colocar los desequilibrios macrosociales en el primer rango de importancia y prioridad, para dejar en segundo plano los equilibrios macroeconómicos ¿Cómo puede pensarse, por ejemplo, que solucionar el déficit fiscal pueda ser más urgente e importante que acabar con el hambre de millones de seres humanos? Documento: Agenda Alternativa Bolivariana. Hugo Chávez. Junio de 1996.

“Una política social hacia la inclusión real y efectiva de la población, hacia la participación de las comunidades en la toma decisiones sobre los procesos que le afectan, considerando por ello, el fomento y la promoción de la organización… como herramienta  que tienda a disminuir las brechas sociales.” Documento: La propuesta de Hugo Chávez para transformar a Venezuela. 1998.

“Contra el monopolio de la riqueza como dogma, enfrentemos la democracia económica, un concepto de igualdad, de libertad, de justicia…para cubrir las necesidades básicas del ser humano”.  Documento: discurso en la Asamblea Nacional Constituyente. Hugo Chávez Frías. 5 de agosto de 1999.

“Rumbo al Socialismo, hacia una democracia profunda y plena… el ser humano en libertad, en libertad de la miseria, en libertad de la explotación, en libertad de la discrimación”.  Documento: Discurso de Hugo Chávez en la Asamblea Nacional. 15 de agosto de 2007.

“Todos debemos practicar la igualdad, no solo pregonarla (…) ¡El que más puede dar hay que pedirle más; el que más necesite hay que apoyarlo más! y eso irá generando la igualdad”. Documento: Aló Teórico. Hugo Chávez. 2009.

“Es determinante el desarrollo de la propiedad social sobre los factores y medios de producción estratégicos que permita que todas las familias… ejerzan el pleno goce de sus derechos económicos y sociales, políticos y culturales para lograr vivir bien”. Documento: Plan de la Patria. Hugo Chávez. 2012.

La generación de riquezas y de grandes riquezas para una minoría, una élite… y de allí la generación de la pobreza y la miseria para las grandes mayorías… el problema económico no se puede separar de lo social”. Documento: Golpe de Timón. Hugo Chávez. 2012.

“No faltarán los que traten de aprovechar circunstancias difíciles para mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, del neoliberalismo”. Hugo Chávez, 8 de diciembre de 2012.

“El derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna”. Preámbulo de la vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. 1999.

Sirvan estas citas para contribuir al necesario debate de ideas, para no desviar el rumbo estratégico de este gran movimiento democrático popular a favor de la igualdad social y la superación de la pobreza; para no terminar justificando cualquier cosa en nombre de Chávez y de la revolución.

La subordinación del crecimiento económico al valor de la igualdad social es uno de los principios fundamentales del programa de la Revolución Bolivariana, desdibujarlo o postergarlo es resquebrajar los cimientos ideológicos y políticos del Chavismo.

Bajo ese principio y bajo el liderazgo del Comandante Chávez logramos,  en la primera década de este siglo XXI, reducir la desigualdad social, de acuerdo  el índice de Gini, de 0,49 a 0,38. Pasamos de ser el país de mayor desigualdad en la región, a ser el de menor desigualdad social. Por el camino de Chávez ¡Lo lograremos de nuevo!    

Cualesquiera sean las circunstancias, debemos ser militantes del chavismo de Chávez, del Bolivarianismo de Bolívar, de la democracia socialista de la clase trabajadora.   

¡NOS ENCARGAMOS NOSOTROS!

Elías Jaua Milano

El pasado miércoles 12 de febrero de este año 2020,  el Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, ante una pregunta sobre la situación en nuestro país expresó con su habitual arrogancia: “Nos encargaremos de los venezolanos”, en una reafirmación de su empeño retrógrado de ejercer la “política del gran garrote”, en este siglo XXI, contra Venezuela. 

Trump está empeñado en desconocer nuestra condición de nación independiente y soberana que, aun en los momentos más complejos de nuestra historia política, nos ha permitido encontrar los mecanismos, no siempre los mejores, pero al fin de cuentas desarrollados por nosotros, para despejar el horizonte de la Patria.

Desde mediados del siglo XIX, tras la muerte de nuestro Libertador Simón Bolívar, las victorias militares de algunas de las facciones internas o bien los acuerdos políticos entre estas, marcaron la superación coyuntural de las guerras y revueltas infinitas que se produjeron en esa etapa oscura de la historia.   

En el siglo XX los golpes de Estado se inauguraron como una nueva modalidad de resolución de los conflictos de poder. El primero de estos golpes, abiertamente apoyado por el gobierno estadounidense, fue el de Juan Vicente Gómez contra Cipriano Castro en 1908.

La administración de la Casa Blanca de entonces, amparada en el llamado corolario Roosevelt de 1904 donde se arrogan la obligación  “…a ejercer un poder internacional policial”, se  “encargó” de sostener con el suministro de armas y apoyo político  a la dictadura más larga, 27 años, y genocida que hayamos sufrido a cambio de la expoliación de nuestros recursos petroleros.

A partir del año 1958 de ese siglo XX, no ha habido otra manera de llegar al poder en Venezuela que no sea por la vía de las elecciones. Más allá del juicio que se tenga sobre la legitimidad de algunos de esos procesos, la elección popular ha sido la única manera de acceder a la Presidencia de la República o de resolver crisis políticas de manera democrática, especialmente a finales del siglo XX y principios del XXI.

La victoria del Comandante Chávez en 1998 abrió un proceso de renovación de la confianza en el ejercicio de la soberanía popular para producir transformaciones revolucionarias en la sociedad, tales fueron los sucesivos referéndums que marcaron el proceso constituyente de 1999 y luego la resolución, mediante el referendo constitucional que terminó ratificando el mandato de Hugo Chávez en agosto de 2004, del sostenido intento desde el año 2001 de cerrarle el paso a la revolución democrática popular, mediante la violencia contrarrevolucionaria.

A partir de ese año 2004, las elecciones fueron el mecanismo para administrar democráticamente las contradicciones antagónicas entre dos visiones del modelo político, económico, social  y cultural que debe tener el  país. Eso fue así, hasta que en el año 2013 la oposición decide desconocer los resultados electorales que  dieron como ganador de la Presidencia a Nicolás Maduro, abriendo así esta dolorosa etapa de la vida republicana que nos ha llevado a una de los más ignominiosos procesos de injerencia extranjera que se le haya aplicado a una Nación, al punto de que el señor Trump espete sin pudor que se “encargará” de nosotros.

Como escribíamos la semana pasada, no podemos banalizar la gravedad de dicha amenaza. El desconocimiento publicitado y grosero a la institucionalidad del Estado venezolano por parte del gobierno norteamericano y de sus aliados europeos y en América Latina; la administración de facto, que esos gobiernos  le permiten al fallido procónsul Guaidó, de importantes recursos y activos venezolanos  en el exterior y la realización de al menos 11 maniobras militares conjuntas en el Caribe y en la Amazonia, durante el año 2019, dan cuenta del desafío y de la responsabilidad histórica que especialmente tenemos los dirigentes políticos de este tiempo venezolano.

Este panorama nos obliga a todos los factores políticos a encargarnos con seriedad, con desprendimiento, con amor patrio y con sensibilidad por el pueblo sufriente de encontrar un acuerdo para el normal funcionamiento democrático de todas las instituciones del Estado, para la preservación de la soberanía sobre nuestros recursos y activos, de la integridad territorial y del derecho que como pueblo tenemos a vivir en paz, con tranquilidad y dignidad.

Como pueblo digno, con una sola voz, debemos rechazar la sola enunciación de  alguien que diga que se va “encargar de nosotros”.  Somos  los hijos e hijas de Bolívar, carajo, y debemos hacer respetar nuestra dignidad nacional. Y ese respeto lo obtendremos más por nuestra inteligencia, nuestra madurez y nuestra audacia política que por la fuerza.

La guerra será siempre la victoria de los intervencionistas, la paz con dignidad será la victoria de la Patria. ¡Viva Venezuela!

SALVAR LA REPÚBLICA

Elías Jaua Milano

Esta semana que culminó, el Presidente de los Estados Unidos Donald Trump ratificó su brutal política de injerencia neocolonial en nuestro país y de igual manera se encargó de dejar claro que el procónsul designado es el inefable Juan Guaidó. Necesario es resaltar que sobre esta política intervencionista hay un consenso en la clase política norteamericana, así quedó evidenciado en el acto del Congreso de ese país el pasado 4 de febrero de este 2020.

Las insólitas amenazas de “quebrar” y “aplastar” al gobierno constitucional de Venezuela, proferidas por Trump, constituyen una escalada en la agresión contra nuestro derecho a la autodeterminación, principio sustantivo de nuestra República.

Es una afrenta contra un pueblo libre y digno, que constituye un serio y grave peligro para nuestra vida republicana, lo cual nos obliga a las y los que sentimos y amamos profundamente a esta Patria a desechar las ilusiones, los infantilismos políticos, la soberbia y el pequeño juego politiquero. La magnitud de la agresión requiere que volemos alto como las águilas.

Hoy más que nunca, nuestro pueblo requiere una dirigencia realista, consciente, firme, sensible y responsable para poder superar con dignidad el desafío que nos impone tamaña ignominia. Para los revolucionarios y revolucionarias de este tiempo,  salvar la República debe ser nuestra prioridad.

Considero que en ese sentido, en medio de las dificultades que supone la estrategia injerencista de promover un ficticio Estado paralelo, la dirigencia del país, gobierno, oposición y otros actores patrióticos, tenemos que comprender que para salvar la República debemos asumir fielmente el cumplimiento de la vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999.

Un primer paso es avanzar, este año, con transparencia en el proceso que garantice unas elecciones parlamentarias con todos los factores y con amplia participación popular que permita la recomposición plural del poder legislativo de la Nación y la restitución del principio de cooperación constitucional entre los poderes públicos, a partir del cual se pueda iniciar la restauración del normal funcionamiento democrático-institucional del país.

Salvar la República implica, cualquiera sea la circunstancia, la preservación de la soberanía sobre nuestros recursos naturales y de nuestros activos nacionales, para que estos, aprovechados y administrados de manera ética, eficiente y con amor patrio, sean la palanca del proceso de recuperación productiva con el cual lograremos un real crecimiento económico.

Salvar la República supone garantizar los derechos políticos, sociales, laborales y culturales del pueblo.

Hoy, cuando la lógica del capital se vuelve a imponer como hegemónica en la economía nacional, el pueblo trabajador requiere que se le reconozca y respete su derecho a luchar, protestar y a demandar de manera pacífica y democrática la protección del Estado, plasmada en el texto constitucional, contra la explotación, la exclusión y la desigualdad.  

La familia venezolana tiene que sentir que la República es capaz de garantizar una vida digna para todos y todas. Solo un pueblo con derechos y con poder,  tiene la fuerza material y moral para contener la intervención extranjera de la que somos objeto y lograr que se respete nuestro soberano derecho a decidir el porvenir. ¡Viva la República Bolivariana de Venezuela! ¡La Patria vencerá!  

“LO AFIRMATIVO VENEZOLANO”

Elías Jaua Milano

Muchas veces escuchamos al Comandante Chávez utilizar la frase “lo afirmativo venezolano” para alentarnos a seguir perseverando en la transformación positiva de nuestra Patria. Esta frase, más bien concepto diría yo, la tomó del académico y escritor Augusto Mijares quien en 1963 publicó un libro de ensayos así llamado, lectura con juicio crítico que recomiendo.

En la presentación del libro Lo Afirmativo Venezolano, el referido escritor expresa la necesidad de reivindicar el carácter nacional basado en la lucha, en el trabajo, en el estudio y en el amor sincero por nuestra Patria. Frente a los que Mijares llama “los sembradores de ceniza”, promotores permanentes de que nos sintamos avergonzados de ser venezolanos y venezolanas, contrapone su tesis:

“Aun en los peores momentos de nuestras crisis políticas, no se perdieron totalmente aquellos propósitos de honradez, abnegación, decoro ciudadano y sincero anhelo de trabajar por la Patria. Aún en las épocas más funestas puede observarse cómo en el fondo del negro cuadro aparecen, bien en forma de rebeldía, bien convertidas en silencioso y empecinado trabajo, aquellas virtudes”.     

Desde la perspectiva del autor, más allá de la historia de traiciones, latrocinio, intrigas y luchas intestinas está  la historia de los millones de hombres y mujeres que de generación en generación no dejaron de luchar por los principios y valores que inspiraron nuestra gesta de independencia  y que constituyen las bases de nuestra nacionalidad:

“Figuras siniestras o grotescas se agitan ante las candilejas y acaparan la atención pública; pero siempre un mártir, un héroe o un pensador iluminan el fondo y dejan para la posteridad su testimonio de bondad, de desinterés  y de justicia”.

Esos testimonios de amor por la Patria y por la humanidad deben servir, a decir de Mijares, “como un núcleo renovador de influencia incalculable”. Decimos nosotros que  deben ser el núcleo inspirador  para seguir luchando por una sociedad donde quepamos todos y todas con igualdad, justicia y dignidad, hasta que lo logremos de manera irreversible. La historia, la mayoría de las veces anónima, de esos venezolanos y venezolanos ha sido la garantía de la Patria perpetua, término también acuñado por el autor:

“Desdeñados, perseguidos o escarnecidos, siempre han existidos esos venezolanos que de generación en generación se han pasado la señal de lo que estaba por hacerse y han mantenido la continuidad de la conciencia nacional”.

Esa continuidad de la conciencia nacional, nosotros desde el campo de la izquierda venezolana la concebimos como corriente histórica de creación, de resistencia, de lucha democrática popular por la emancipación humana.

Esta corriente la protagonizan los millones de hombres y mujeres que escriben la historia con su trabajo honesto; con el estudio; el emprendimiento; la producción material e intelectual; la lucha,  a veces, hasta  con el más alto de los sacrificios para tener una Patria a la altura del sueño de todos los venezolanos y venezolanas.

Mijares precisa que “hombres que quisieron ser simplemente honestos fueron por eso mismo grandes y valerosos”.    La conciencia nacional está llena de esos actos de heroísmo de todos los días. De heroísmo entendido en los términos que refiere el autor:

“Una íntima condición ética, que es lo que pone al hombre por encima de sus semejantes: héroe  es el que resiste cuando otros ceden; el que cree cuando otros dudan; el que se rebela contra la rutina y el conformismo; el que se conserva puro cuando los otros se prostituyen”.

Hoy en medio de la grave y compleja situación nacional que vivimos, hay millones de venezolanos y venezolanos que por encima de la diatriba política, están empeñados en construir con su esfuerzo un buen porvenir para nuestra Nación. Somos los que creemos que nuestro porvenir como pueblo no será el fruto de subastar nuestros recursos en el club de los millonarios del mundo, ni de las apuestas en un garito.  Con Chávez decimos: “Venezuela será de nuevo digna, grande y gloriosa” (2012, en “Mi  Primera Vida”, Libro de entrevista con Ignacio Ramonet).

Vamos a afirmarnos en lo positivo de nuestro carácter nacional para despejar el horizonte hacia un buen destino.  Ha llegado la hora de comenzar de nuevo.