Estados Unidos. La rebelión de las excluidas.

Elías Jaua Milano.


 

Buenos aires nos llegan desde el Norte. Los resultados de las elecciones parlamentarias, llamadas de medio término, en Estados Unidos de América, además de significar una contención al avance del fundamentalismo neoconservador que encarna Donald Trump, también expresan el anhelo creciente de cada vez más sectores de la población norteamericana, especialmente jóvenes, de ver florecer una verdadera democracia en ese país.

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Alexandria Ocasio-Cortez,  representante de Nueva York, jóven mujer de origen puertoriqueño, habitante de El Bronx ícono de la corriente democrata socialista.

Mujeres, afrodescendientes, indígenas, latinas, musulmanas, obreras, socialistas y LGBTI ocupan un número significativo de puestos en la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense, espacio político hasta ahora reservado, casi de manera exclusiva para las tradicionales castas políticas y los grupos de lobbies.

La mayoría de estas nuevas congresistas, y también de hombres congresistas, se inscribe dentro de la tendencia Socialista Democrática motivada por el Senador Bernie Sanders al interior del Partido Demócrata, o forman parte de organizaciones locales en sus respectivos Estados.

Esta rebelión de los electores y electoras en un número importante de los Estados de la Unión, es un golpe en el hígado al supremacismo blanco y machista de la élite imperial.

Llegan al Congreso norteamericano, estás fuerzas insurgentes, desde el alma profunda de la sociedad norteamericana logrando romper los sistemas culturales y políticos totalitarios que les impusieron a lo largo de un siglo, mediante la máxima alienación mediática y por un Estado de control policial y judicial asfixiante.

Los resultados electorales del pasado martes demuestran que las banderas por la igualdad social, por una auténtica democracia, por los derechos económicos de las mayorías y por el reconocimiento a la diversidad étnica, cultural, religiosa y sexual no pueden ser aplastadas para siempre por los sistemas de control político cultural, cuales quiera que estos sean.

En estos tiempos de las redes sociales de comunicación, la información y la propaganda fluye más rápido que la capacidad de las burocracias políticas para procesarlas. Ni siquiera los estudios de Big Data son capaces de dar todas las herramientas para contener el ímpetu democratizador de una generación de vanguardia, en todo el mundo, que ha aprendido a burlar la alienación generando sus propios contenidos, su propia estética como expresión de una ética de la diversidad.

Accidentes históricos como la elección de Trump en su momento y recientemente de Bolsonaro en Brasil, producto del hastío por las “clases políticas”, de derecha o de izquierda, serán revertidos en el corto plazo por una tendencia creciente e irreversible en el seno de las sociedades contemporáneas a favor de la pluralidad.      

El martes 6 de noviembre de 2018, el pueblo norteamericano ha dado un pequeño primer paso, pero victorioso, hacia la recuperación de su libertad y del reconocimiento a la diversidad que conforma esa sociedad. Ahora está la responsabilidad de ese nuevo liderazgo parlamentario de ser consecuente con el mandato de sus electores y electoras y vacunarse contra la cooptación que el sistema de lobbies intentara hacer con ellas y ellos.

En Venezuela, nos toca seguir perseverando en la defensa y ampliación de los espacios de participación democrática y protagonismo popular; de pluralismo político, social, étnico y cultural; de igualdad social y económica que consagramos en nuestra Constitución Bolivariana de 1999 y que hemos venido construyendo, con grandes avances, a ratos con retrocesos, a lo largo de dos décadas en medio de una guerra sin cuartel de las oligarquías y del imperialismo contra la Revolución Bolivariana.

En fin, cualesquiera sean las circunstancias, es nuestro deber seguir impulsando desde abajo, pasito a pasito, la consolidación de la democracia revolucionaria, de la democracia socialista, con amplia participación, en amplias libertades, como nos los orientó siempre el Comandante Chávez.        

   

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ANTÍDOTOS CONTRA EL FASCISMO

Elías Jaua Milano.


 

Frente a los resultados electorales del pasado domingo 28 de octubre de 2018, en Brasil, comienzan los lamentos, las alarmas y en algunos casos hasta el regocijo intelectual porque la tesis del “Fin de Ciclo progresista” se está cumpliendo de manera inexorable.

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Por el camino de Chávez, transitamos hacia el socialismo y será por ese y no por otro camino que Venceremos.

Nos negamos a sumarnos a ese coro lastimero, por el contrario nos obligamos a seguir luchando, aquí en Venezuela, por aplicar a tiempo los antídotos que nos inmunicen para siempre contra el flagelo del totalitarismo cultural, étnico, religioso, político, económico y social. Conocida las causas de la enfermedad, apliquemos el recetario que nos da la Historia:

1. Confiar en el pueblo y en sus poderes creadores.
2. Gobernar con el pueblo, de manera democrática y honesta, para todo el pueblo.
3. Escuchar con humildad las críticas y las demandas de rectificación que hace el pueblo. Y rectificar a tiempo para garantizar la mayor suma de transparencia administrativa, estabilidad política y prosperidad económica y social.
4. Promover una cultura del reconocimiento y el tratamiento democrático de las diferencias políticas, culturales y sociales en el seno del pueblo.
5. Convocar permanentemente a la reunificación del pueblo en torno a los principios y al programa de la democracia revolucionaria.
6. Profundizar los espacios de participación y protagonismo popular en la toma de decisiones.
7. Y como decía el CHE “No confiar en el imperialismo, ni un tantito así”. Preservar en cualquier circunstancia nuestra soberanía política y económica.

Además de estos antídotos para conjurar los proyectos de exclusión social y cultural que nos intentan imponer, se requiere de un tratamiento permanente: Educación para la identidad y convivencia democrática, cultura del trabajo productivo y facilitar la emergencia del Poder Popular.

En fin, sigamos por el camino de Chávez: democracia socialista, protagonismo popular, todos los derechos para todo el pueblo y escuchar al pueblo, siempre escuchar al pueblo.

EL PUEBLO TIENE DERECHOS

Elías Jaua Milano.

El modelo económico imperante en Venezuela es el capitalismo, así lo diagnosticó el Comandante Hugo Chávez en la presentación del Plan de la Patria del año 2012, con claridad y contundencia:

“No nos llamemos a engaño: la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista”.

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La clase trabajadora tiene derecho a la protesta legal y pacífica frente a la agudización del conflicto de clases.

Ese diagnóstico está hoy más vigente que nunca, las relaciones sociales de producción capitalistas en Venezuela se han profundizado y expandido en medio de la conflictividad política desatada por la contrarrevolución contra el Gobierno Bolivariano.  La especulación en todos los niveles, la precarización de las relaciones laborales, la informalización del comercio interno, el contrabando de extracción son apenas los indicadores más visibles de la respuesta que los antiguos y los nuevos propietarios de grandes medios de producción (“Burguesía”, según la definición de la teoría de clases) han asumido frente a la disminución del ingreso proveniente de la renta petrolera. 

La imposición de mecanismos económicos salvajes ha sido el accionar para, en medio del conflicto político, seguir incrementando el enriquecimiento, la mayor de las veces ilícito, por parte de muchos de los tradicionales y de los emergentes burgueses.    

Este conflicto latente no se resuelve cancelando la discusión sobre el tema, en tanto que no solo es un debate ideológico. La agudización de las contradicciones sociales que va generando la imposición de esa perversa dinámica en nuestra economía son una dura realidad para la inmensa mayoría de la población. Contradicciones frente a las cuales, el pueblo trabajador tiene derecho a defenderse con los mecanismos legales y de protesta pacífica previstos en nuestra Constitución Bolivariana de 1999 y en la Ley del Trabajo del año 2012.

Me motiva a escribir sobre este tema, la cantidad de denuncias que recibo de trabajadores y trabajadoras de empresas privadas, incluso algunas de estas intervenidas temporalmente por el Gobierno, así como de empresas e instituciones públicas. Las denuncias evidencian como se está expresando el conflicto de clases al interior de algunas industrias:  disminución sin justificación de la producción o acaparamiento de la misma; formas ilegales de distribución; violación de derechos esenciales; acoso laboral y político por parte de organismos de seguridad del Estado en connivencia con la patronal e indefensión por la omisión del sistema de protección laboral, o por el desacato a las decisiones de estos.

Al respecto quiero dejar claro que hoy más que nunca se requiere de la disciplina laboral consciente y legal, en todos los sectores de la producción. La clase trabajadora venezolana está obligada a realizar una profunda revisión crítica de su papel en el necesario incremento de la producción de bienes y servicios.  Sin embargo, reconocer los errores cometidos por los trabajadores y trabajadoras no implica que se justifique la violación de derechos laborales y menos la represión ilegal frente al justo reclamo.

Los derechos laborales están plenamente vigentes y los mecanismos de resolución de los conflictos individuales y colectivos de trabajo también.  La dirigencia sindical revolucionaria y los órganos del Estado competentes deben atender, acompañar y responder con valentía a la justa demanda de los trabajadores.

En conclusión, en tanto que el modelo económico hegemónico en Venezuela es el capitalismo, como bien lo identificaba el Comandante Chávez en el año 2012, el Estado está obligado a cumplir su papel de regulación del conflicto Capital-Trabajo y en caso de no cumplirlo los trabajadores y trabajadoras tienen derecho a la denuncia y a la activación de los mecanismos legales de protesta previstos en la legislación.

El Estado tiene que cumplir su papel a través de los órganos competentes en materia laboral, en primera instancia a través de las inspectorías del trabajo. Los funcionarios de seguridad del Estado que cumplen funciones temporales en las empresas intervenidas por el Gobierno, no tienen competencia alguna para actuar en materia laboral y mucho menos de manera coercitiva a favor de los patrones.     

En una Revolución nada justifica la criminalización de la masa trabajadora. La lucha del pueblo trabajador por sus justos derechos frente al capital y a la burocracia autoritaria fortalece al proceso revolucionario. Como lo expresó muchas veces el Comandante Chávez. “El pueblo tiene derecho a interpelar, a demandar, a criticar, a protestar, sin abandonar la Revolución”.

Hoy más que nunca cantamos con fuerza, con Alí Primera: “Aunque diga groserías, el pueblo tiene derechos”. 

LA DEMOCRACIA SOCIALISTA

Elías Jaua Milano.


 

Hace 6 años ya, el 20 de octubre del año 2012 el Comandante Chávez desarrolló, en una alocución conocida como Golpe de Timón, un conjunto de orientaciones para la construcción del Socialismo Bolivariano del Siglo XXI.  Una de esas orientaciones consistió en reafirmar el carácter esencialmente democrático de nuestro proyecto revolucionario, diferenciándolo claramente del modelo totalitario y de control de la sociedad en el que derivó la experiencia socialista de la Unión Soviética. En su mensaje de aquel día, Chávez deja para la posteridad su concepción del Socialismo:

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Chávez construyó desde las calles y junto al pueblo las bases de la Democracia Socialista

“El socialismo libera; el socialismo es democracia y la democracia es socialismo en lo político, en lo social y en lo económico”.

Más adelante, en ese discurso, el Comandante insiste en que nuestro modelo socialista no puede ser producto de una imposición, sino el resultado de un gran esfuerzo por convencer con la predica y la práctica a la sociedad:

“Una de las cosas esencialmente nuevas en nuestro modelo es su carácter democrático, una nueva hegemonía democrática, y eso nos obliga a nosotros no a imponer, sino a convencer”.    

No hay lugar a dudas que Hugo Chávez quiso dejar sentada la necesidad de la consolidación de una cultura democrática que exprese el esfuerzo realizado por la sociedad venezolana, tras su investidura como Presidente de la República, el 2 de febrero de 1999.

Esfuerzo éste caracterizado por: un proceso constituyente originario que culminó con la aprobación popular, por primera vez de un texto constitucional, nuestra Constitución Bolivariana de 1999; procesos de consulta permanente a la soberanía popular por la vía electoral, con altísimos porcentajes de participación, y por mecanismos de democracia directa y protagónica; una concepción democrática del orden interno contraria a las políticas sistemáticas de tortura, desaparición forzada y ejecuciones policiales del Punto Fijismo; un funcionamiento armónico de los Poderes del Estado, en función de los intereses nacionales y de las mayorías históricamente excluidas; la disminución sustantiva de la grosera desigualdad social que, es causa estructural de la pobreza en Venezuela;  la democratización de los factores y medios de producción, y el acceso a financiamiento para las grandes mayorías;  el reconocimiento y visibilización de la diversidad étnico cultural de nuestra sociedad; el desarrollo de las más amplias libertades políticas y la democratización de la propiedad sobre los medios de comunicación social y del acceso a las nuevas tecnologías de información y comunicación; la promoción y apoyo de instancia colectivas de gobierno directo a través de los  Consejos Comunales, las Comunas y las más diversas formas de organización del Poder Popular; entre muchos otros procesos democratizadores.  

En fin, en apenas una década, se logró construir un modelo político, económico, social y cultural garantista de los derechos humanos integrales que permitió avanzar en la superación de la histórica y sistemática violación de los mismos.  

¿Cómo consolidamos y expandimos estos avances hacia el porvenir?, ¿cómo recuperamos lo que nos han quitado o hemos perdido en materia de mecanismos de profundización de la democracia participativa y protagónica aprobada por nosotros en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999?. Volvamos a la lectura del pensamiento de Hugo Chávez al respecto, esta vez en sus anotaciones de las reflexiones en el seno del Movimiento Bolivariano 200 (MBR 200) a principios de la década de los 90 del siglo XX, el Libro Azul:            

“El pueblo como depositario concreto de la soberanía debe mantener su fuerza potencial lista para ser empleada en cualquier momento y en cualquier segmento del tejido político, para reparar daños a tiempo, para reforzar algún desajuste o para producir transformaciones que permitan el avance del cuerpo social en la dirección estratégica autoimpuesta. Para ello, el sistema político debe instrumentar los canales necesarios, tanto a nivel local como regional y nacional. Canales por los cuales corra el poder popular protagónico”.

Lo extenso de la cita del texto escrito por el Comandante, se justifica en tanto que consideramos que allí está la clave para el desarrollo democrático de nuestra sociedad: más poder de decisión y acción para el pueblo, menos poder para las élites, cualesquiera que están sean. En tal sentido, se impone un gran esfuerzo nacional de cara a la década por venir, rumbo al 2030, que nos permita:

1. Garantizar y expandir todos los derechos humanos previstos en nuestra Constitución, erradicando cualquier forma de impunidad cuando se produzcan violaciones a los mismos.

2. Consolidar y desarrollar la democracia participativa y protagónica, a través de los mecanismos de participación popular previstos en nuestra Constitución Bolivariana y multiplicar las formas de gobierno popular en lo concreto, en el territorio, en las comunas.

3. El compromiso de todos los actores políticos con el reconocimiento a las decisiones electorales de las mayorías, el apego a las normas constitucionales y con la renuncia a cualquier forma de violencia política.

4. Garantizar el funcionamiento armónico, transparente y eficaz de todos los órganos del Poder Público nacional, regional y local en función de los intereses nacionales y populares.

5. Reconocimiento de todas las formas de propiedad sobre los medios de producción y profundización de la democratización legal de las mismas.

6. Lograr los mayores porcentajes de igualdad social; a través de una justa distribución del ingreso nacional; del desarrollo de una cultura del trabajo productivo que permita la generación de bienes y servicios esenciales, así como el acceso de toda la población a los mismos; y del castigo judicial ejemplarizante a toda forma de enriquecimiento ilícito.

7. Acordar una política nacional sobre el papel de los medios de comunicación, que establezca el uso democrático de los mismos, con el fin de fortalecer una cultura del reconocimiento y la convivencia política, cultural y social.

Compatriotas, para preservar nuestra Independencia nacional y el derecho a vivir en paz que tenemos como pueblo debemos tener la voluntad, hoy más que nunca, de construir una sociedad donde quepamos todos y todas con igualdad, justicia y dignidad.

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La interpelación permanente es la base de la Democracia Socialista.

Por más profundas que sean nuestras diferencias, que lo son,  la dirigencia política opositora tiene que renunciar o deslindarse del sistemático ejercicio de la violencia que algunos sectores están empeñados en desarrollar, el último de ellos de extrema gravedad y maldad, el magnicidio en grado de frustración contra el Presidente de Venezuela, nuestro compañero Nicolás Maduro Moros, y demás autoridades del Estado presentes ese aciago día; pero de igual manera digo que es deber de la dirigencia revolucionaria no dejar que la sostenida política de agresión, interna y externa, nos empuje hacia las prácticas autoritarias del pasado, erradicadas por la revolución. Chávez nos enseñó que las más graves conspiraciones se derrotaban con más democracia revolucionaria.

Sigamos el camino de Chávez, camino reiterado por él en su último mensaje público del 8 de diciembre de 2012:

“Nosotros debemos garantizar la marcha victoriosa de la Revolución Bolivariana, la marcha victoriosa de esta Revolución, construyendo la democracia nueva, que aquí esta ordenada por el pueblo en Constituyente; construyendo la vía venezolana al Socialismo, con amplia participación, en amplias libertades”.

Esa es la vía para despejar el horizonte, Democracia Bolivariana, Democracia Protagónica, Democracia Revolucionaria, Democracia Socialista. Auténtica Democracia. Así será.

PRODUCIR SI, DESNACIONALIZAR NO

Elías Jaua Milano.


 

Desde mediado de los años 80, del siglo XX, se desarrolló una política sistemática de desinversión en las empresas del Estado que mermó su funcionamiento, sumado al abandono de cualquier mecanismo de control fiscal, lo cual permitió el desmantelamiento de las mismas a través de diversos mecanismos de corrupción. Se crearon así las condiciones para que una feroz campaña de medios mediante titulares, editoriales, programas especiales y articulistas, justificara el proceso de privatización a precio de gallina flaca, durante el periodo neoliberal, en la década de los 90.

En los últimos días hemos visto el inicio de una campaña parecida en importantes medios impresos y en redes sociales. No hay duda que algunos sectores parecen interesados en abrir el debate sobre la privatización, con el fin de ponerle las manos a los activos que son de todos los venezolanos y venezolanas.

Un programa de recuperación agrícola e industrial, que incluya a todos los sectores, es la solución.

Al respecto debemos recordar los resultados del proceso privatizador en la década neoliberal: despidos masivos y tercerización de trabajadores y trabajadoras; no contribuyó a la reducción del déficit fiscal, dado que el Estado debió mantener un apoyo financiero constante a las empresas privatizadas, caso Sidor; muchas empresas vendidas fueron cerradas por sus nuevos dueños que solo les interesaba sacarlas del mercado, caso emblemático VIASA; no hubo mayores incrementos de la producción y cuando los hubo, ésta fue dedicada principalmente a la exportación y en el caso de las telecomunicaciones, las mejoras se lograron a partir de la exclusión de importantes sectores de la población de los servicios de telefonía. El que tenga memoria que reflexione.

Una de las causas que explica la emergencia histórica de la Revolución Bolivariana, es precisamente la reacción de la sociedad de los años 90 contra ese nefasto proceso de desnacionalización. Así está expresado en los distintos documentos del Movimiento Bolivariano 200 (MBR 200) y del Movimiento V República (MVR), principalmente en la Agenda Alternativa Bolivariana de 1996, propuesta de Hugo Chávez para salir del laberinto neoliberal. De allí que uno de los principios consagrados en nuestra Constitución Bolivariana de 1999, vigente, es la protección de la propiedad sobre los activos nacionales.

El proceso de renacionalización planificado y desarrollado por nuestro Comandante Chávez a partir del año 2006, tuvo como objetivos recuperar los bienes de la Nación que habían sido subastados u ocupados ilegalmente; dejar de sostener el funcionamiento privado de las mismas, mediante la transferencia de divisas y auxilios financieros del Estado; así como democratizar el acceso a bienes y servicios de la población.

Donde quieran y con quien quieran, cifras en manos, podemos verificar la estabilidad o el crecimiento sostenido de la producción y expansión de los servicios de las empresas nacionalizadas, en todos los sectores, por lo menos hasta el año 2014. En tal sentido, recomiendo leer en mi blog, Horizonte en Disputa, el artículo “Solo el Pueblo Salva el Pueblo”, del 9 de julio de 2016, donde se explican las causas, logros y errores cometidos en el proceso de nacionalización.

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La privatización fue un desastre. Aprendamos las lecciones de la historia.

Necesario es un balance del proceso de las llamadas alianzas estratégicas iniciado en el año 2016, donde se transfirió la gestión de un número indeterminado de empresas estatales a sectores privados; así como de la política de intervención con funcionarios externos de otro número importante de empresas estatales. No es cierto que dichas empresas estén dirigidas, en la actualidad, por sus trabajadores.

Desde el punto de vista pragmático, afirmamos que la privatización de nuestros activos no es la solución a los problemas de producción. En primer lugar, porque el peso de la mayoría de estas en el abastecimiento, salvo las estratégicas, no es determinante en el mercado nacional; en segundo lugar, porque no contribuirían en nada a reducir el déficit fiscal, ya que seguirían demandando dólares y financiamiento del Estado para funcionar; y en tercer lugar, porque tendrían un impacto social y político en nuestros trabajadores, trabajadoras, campesinos y campesinas.

No hay que equivocarse en el diagnóstico, si el origen del desabastecimiento se ubicara en el régimen de propiedad social, cómo explicar la falta de medicamentos, siendo la industria farmacéutica privada. La explicación está en que ésta depende, al igual que las empresas públicas, la Polar y otras “exitosas” empresas privadas, de los dólares del Estado. Desviación estructural del modelo capitalista venezolano, origen principal de las distorsiones de nuestra economía.

Compatriotas no nos dejemos seducir, como en los 90, por un espejito con brillo. La solución real está en producir. Por eso celebro las recomendaciones emitidas por el Congreso Constituyente de la clase trabajadora y aprobadas por el Presidente Nicolás Maduro para la gestión de las empresas públicas. Ahora hay que batallar, para que los interesados en la privatización, permitan que estas acciones se ejecuten.

Respecto a ese plan aprobado, me atrevo a aportar algunas recomendaciones, que he presentado en diversas instancias del partido y del gobierno para lograr un proceso de la recuperación de la producción comunal, privada y estatal:

1. Desarrollar un programa de estímulo y apoyo transparente a la producción de todos los sectores económicos del agro y de la industria (financiamiento, libre acceso a los insumos, asistencia integral, garantía de comercialización legal, seguridad pública).

2. Desmontaje y penalización de las mafias que han ocupado la producción y comercialización tanto en el sector público como en el privado.

3. Dirección de las empresas públicas con el personal técnico profesional formado a lo largo de años en la gestión de las mismas y que en el periodo de la revolución Bolivariana tuvo la oportunidad de especializarse en Venezuela y en distintos países del mundo. Ellos y ellas saben cómo y sobre todo quieren recuperar nuestras empresas.

4. Un programa de recuperación de la disciplina laboral consciente, a través de la formación, pero también del ejercicio de los mecanismos de autoridad previstos en la Ley Orgánica del Proceso Social del Trabajo y de los Trabajadores y Trabajadoras.

5. Libre intercambio de divisas entre los privados. Garantía de acceso a divisas, insumos y repuestos, ligados a metas de producción, a las empresas pública y comunales.

6. Desarrollar un sistema de precios y subsidios cruzados, a los productores, en rubros agrícolas y bienes industriales de consumo priorizados.

7. Programa de innovación científica tecnológica y financiamiento del escalamiento de las experiencias exitosas, en Escuelas Técnicas, Universidades e institutos de ciencia y tecnología, para la sustitución de importaciones.

Finalmente, quiero puntualizar en tres consideraciones finales para la recuperación productiva. La primera es la necesidad de recuperar la convivencia democrática en nuestro país; la segunda es que la preservación de nuestras empresas nacionales, no está reñida con la inversión del sector privado internacional y nacional realmente existente, no es tarea de la revolución crear nuevos empresarios, en los mismos sectores donde éstas se desempeñan, salvo en los no permitidos por nuestra Constitución Bolivariana y la tercera es que debemos seguir perseverando en el impulso y expansión de una economía comunal socialista, en los territorios donde el pueblo ha desarrollado experiencias exitosas, como no los encomendó nuestro Comandante Chávez.

Una economía mixta, transparente, honesta, inclusiva de todos los sectores, es el camino para un buen porvenir. Ese es el camino que prefiguramos los revolucionarios, las revolucionarias desde la década del noventa, proyectado a este siglo XXI. El camino de Chávez.

 

 

7 DE OCTUBRE

Elías Jaua Milano.

Han pasado 6 años de aquella heroica campaña por la Patria que lideró nuestro Comandante Hugo Chávez, hace 6 años de nuestra hermosa victoria con el Comandante al frente y el Plan de la Patria en alto, aquel 7 de octubre de 2012.  De aquel día, de aquella, nuestra victoria, solo han pasado apenas 6 años.

Por eso es que hoy, más que nunca, debemos reivindicar el carácter de nuestra victoria, tal como lo expresó Hugo Chávez, nuestro líder, la noche de aquel 7 de octubre tras conocerse los resultados de la voluntad expresada por la mayoría popular de relegirlo Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, para el período constitucional 2013-2019. Dijo Chávez entonces:

“Y aquí estamos, hemos llegado para vencer y seguir venciendo. No habrá fuerza imperialista, por más grande que sea y hoy lo hemos demostrado, que pueda con el pueblo de Simón Bolívar.  Venezuela más nunca volverá al neoliberalismo, Venezuela seguirá transitando hacia el Socialismo democrático y bolivariano del siglo XXI”.

“Compatriotas tenemos la fuerza necesaria para luchar como #PuebloSabioYLibre por nuestra Independencia y Soberanía” 

Sin duda que ese día triunfamos, los venezolanos y venezolanas que seguimos queriendo Independencia frente al Imperialismo; socialismo democrático en lo político, en lo económico, en lo social frente al modelo neoliberal, excluyente y autoritario, independientemente del ropaje que se ponga.

Yo sigo creyendo y luchando por  el  ethos, sentido histórico, contenido en la victoria del 7 de octubre de 2012 y plasmado a través de los cinco objetivos históricos del Plan de la Patria: preservar nuestra Independencia; construir nuestro socialismo bolivariano; convertirnos en una potencia social, económica, política y sobre todo moral; seguir luchando por un mundo pluripolar como garantía de respeto y paz entre las naciones y contribuir a la preservación de la vida, de nuestra vida en nuestro planeta tierra.

Compatriotas tenemos la fuerza histórica para lograr lo que queremos como pueblo, para ello es necesario reconocernos en nuestras diferencias, reconciliarnos a partir de la convivencia democrática y sumar esfuerzos para lograr la estabilidad económica, política, social en nuestra Patria y con ello demandar respeto a nuestra soberanía nacional. Como también lo dijo Chávez aquella noche del 7 de octubre de 2012:

“Nosotros venimos de lejos, nosotros somos los hijos de Bolívar, las hijas de Bolívar”.

Así es, no por casualidad un 7 de octubre de 1818, hace exactamente 200 años, nuestro Padre Bolívar respondía a las amenazas de un enviado del gobierno de los Estados Unidos de América Juan Bautista Irvine, en carta fechada en Angostura:

“Protesto a usted que no permitiré que se ultraje ni desprecie el gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo lo ofende”.

Así hablaba nuestro Libertador, con coraje. Saquemos hoy ese coraje histórico que nos pertenece para despejar el horizonte, rumbo a la segunda década de este siglo XXI, rumbo al año 2030. Por el camino de Chávez, como lo hicimos hace 6 años, lo lograremos. ¡Viva la victoria de la Patria del 7 de octubre de 2012!

INDEPENDENCIA Y PUEBLO REVOLUCIONARIO

Elías Jaua Milano.


 

Tremenda batalla geopolítica la que se ha librado esta semana pasada,  en el seno de las Naciones Unidas. El discurso de Donald Trump, mostrando al desnudo el mesianismo religioso que sustenta el accionar imperialista de la élite fundamentalista de los Estados Unidos de América, ha dejado claro que hemos entrado en una peligrosa etapa donde la diversidad cultural y la paz del mundo están seriamente amenazadas por el patrioterismo de los cowboys (vaqueros). Ninguna nación puede estar tranquila.

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El pueblo revolucionario, defenderá siempre los intereses de la patria de Bolívar y Chávez como #PuebloSabioYLibre

“Defendemos a los Estados Unidos y al pueblo estadounidense. Y también estamos defendiendo al mundo”, expresó Trump en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el pasado 25 de septiembre de 2018.

Esta frase sintetiza los cimientos religiosos de la superestructura ideológica del imperialismo yanqui: “Somos la nueva Jerusalén”; “Tenemos un destino manifiesto”; “Somos faro de libertad”; “Estamos obligados a cuidar nuestro patio trasero”; entre otras expresiones fundamentalistas, repetidas generación tras generación.

Tras enunciar dicha frase, el portavoz imperial pasa a explicar a lo largo de su discurso de qué y de quiénes tienen que defenderse. Según su interpretación, se defienden y nos “defienden” del expansionismo comercial de China y militar de Rusia, de la globalización impuesta por Europa, del socialismo venezolano, del fundamentalismo musulmán, de las amenazas nucleares que representan Irán y Corea del Norte, de los estafadores países de la Organización de Estados Exportadores de Petróleo (OPEP) y pare Ud. de contar. El doble rasero de la elite imperial no deja de asombrar.

En el desarrollo de su alocución, signada por la frase somos patriotas, es fácil deducir que el mandatario reclama para su nación el cetro del Imperio. El mensaje dado es contundentemente claro y duro, solo la nación “americana” tiene fundamentos religiosos válidos; solo ellos pueden fijar las reglas del comercio y los precios del petróleo; solo ellos pueden tener armas nucleares y hacer la guerra; solo ellos pueden decir que modelo de sociedad debemos tener los venezolanos y venezolanas y el resto de los países.

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El Pueblo Revolucionario de Venezuela luchará contra el gobierno de los EEUU por su soberanía e independencia

Vaya desafío que tiene la humanidad, vaya desafío que tenemos los venezolanos, las venezolanas. ¿Cómo preservar nuestra Independencia en un mundo en que lo poco que quedaba de respeto al derecho Internacional, garantía de paz entre las naciones, ha sido desconocido por el fundamentalismo yanqui en voz del Presidente Trump?

Consideramos en primer lugar que hay que rescatar, dentro de la gravedad de lo ocurrido en Naciones Unidas, que la posición sectaria, excluyente, amenazante y supremacista expresada por el gobernante estadounidense ha deslindado claramente el campo geopolítico mundial y especialmente ha evidenciado las contradicciones a lo interno del sistema de dominación mundial, cuya máxima expresión es la confrontación de la élite ultranacionalista que gobierna los Estados Unidos contra la élite globalizadora de la Unión Europea.

Esas contradicciones dejan intersticios para promover un gran frente de naciones independientes, que pueda articular una estrategia de defensa de un mundo plural, en el marco del derecho internacional, contra el intento de homogeneización imperial, reivindicando “la diversidad cultural cultural, religiosa, política de la humanidad”, tal como lo planteo el compañero Presidente Nicolás Maduro en su discurso ante la Asamblea de Naciones Unidas, el pasado 26 de septiembre de 2018, donde respondió con coraje a la agresión permanente contra nuestra Patria y denunció la amenaza supremacista contra la humanidad.  

En segundo lugar, para superar dichas agresiones, debemos reconstituir el tejido de nuestra unidad nacional; tenemos que consolidar la unidad entre los revolucionarios y las revolucionarias, desde el reconocimiento a la pluralidad y la reafirmación de lealtad con los principios históricos que hemos defendido como pueblo revolucionario y que el Comandante Hugo Chávez sintetizó y desarrolló, a lo largo de su vida como revolucionario, el modelo del socialismo bolivariano.

En tercer lugar, necesario es desechar las ilusiones que conllevan al extravío ideológico. Hoy más que nunca se requiere claridad teórica para poder desarrollar prácticas revolucionarias. Lo decimos sin rodeos, sin artilugios, lo decimos desde la convicción, con sinceridad y humildad, una lucha por la liberación y la Independencia nacional solo puede ser victoriosa si tiene como protagonista a la única clase potencialmente revolucionaria en la sociedad actual, el pueblo trabajador (obreros, campesinos, capas medias técnicas y profesionales, trabajadores por cuenta propia), así ha sido demostrado a lo largo de todo el siglo XX y lo que va del siglo XXI.

Compatriotas, solo los pueblos que defendieron sus ideas, que no arrearon sus banderas históricas han sido respetados por los imperios. Volvemos a insistir en esta afirmación: “Por suerte se ha visto a un puñado de hombres libres derrotar a imperios poderosos”, expresada por nuestro Padre Simón Bolívar, por estos días hace 200 años, en Angostura, respondiéndole a un agente norteamericano, respuesta bolivariana hoy más vigente que nunca.

Decimos nosotros, sólo un pueblo revolucionario es libre de cualquier condicionamiento, del sistema capitalista mundial y sus expresiones nacionales, para construir su propio modelo de sociedad. Sólo como pueblo sabio y libre alzaremos para siempre las banderas por las cuales hemos y seguimos luchando: Independencia, igualdad y prosperidad social. Una sociedad honesta, auténticamente humana. Por el camino de Bolívar y Chávez lo lograremos. ¡Venceremos!